Dejar de volar, ¿lo habías pensado?

Aunque aún es minoritaria, esta opción cada vez es menos extraña. Hoy, la industria de la aviación emite alrededor del 2% de CO2 del total a nivel global.
Aunque aún es minoritaria, esta opción cada vez es menos extraña. Hoy, la industria de la aviación emite alrededor del 2% de CO2 del total a nivel global. Foto: Dejar de volar, ¿lo habías pensado?

Hace unas semanas, en la BBC, el presentador Frankie Boyle preguntó al activista y escritor británico George Monbiot qué podía hacer la ciudadanía de a pie para enfrentarse al cambio climático en sus vidas cotidianas. Monbiot respondió con vehemencia, advirtiendo de que los cambios necesarios son estructurales, y que se nos pide que tomemos “patéticas decisiones de microconsumo” que no tienen un efecto real. Y, sin embargo, segundos después, recapacitó añadiendo: “Bueno, sí hay dos cosas que podemos hacer. Una es pasar a una dieta basada en vegetales. La otra, dejar de volar”. Aparte de eso, afirma Monbiot, solo nos queda derrocar este sistema.

Aunque todavía minoritaria, la opción de dejar de volar cada vez es menos extraña. En Suecia, país que parece haber tomado la iniciativa en el campo del activismo climático, incluso se están acuñando nuevos términos para mejorar la imagen social del viaje en tren frente a la del avión. Flygskam, por ejemplo, se refiere a la vergüenza o la culpabilidad por volarTagskrytreflejaría el concepto opuesto: la sensación de orgullo por viajar en tren. La reacción no ha pasado desapercibida: la compañía sueca de trenes SJ batió el año pasado su registro de viajeros, con 32 millones de pasajeros y pasajeras. Un aumento que atribuyó a la conciencia climática. “Creo que lo más importante de lo que dice George Monbiot, así como del movimiento sueco antiaviación, es que se está señalando que, mientras que los gobiernos no pongan medidas, la manera más eficaz que tienes de reducir tus emisiones en aviación es no volar”, explica a La Marea Andrew Murphy, responsable de aviación de la Federación Europea de Transporte y Medioambiente (T&E en sus siglas en inglés).

Precisamente en Suecia, una de las personas más famosas del último año, la joven activista Greta Thunberg, tampoco vuela. Sin embargo, mucho antes de mover masas y estar nominada al premio Nobel de la Paz, Thunberg ya había dejado de volar. Primero lo hizo ella, y después convenció a su familia. La madre de Thunberg, la célebre cantante de ópera sueca Malena Ernman, incluso sacrificó parte de su carrera internacional (la que no puede cubrir con otros medios de transporte), para quedarse en tierra.

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