«Una verdadera transición climática debe abordar radicalmente la crisis ecosocial»

Entrevista con Walter Actis, miembro de Ecologistas en Acción y coautor del informe ‘Escenarios de trabajo en la transición ecosocial 2020-2030’.

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En un contexto de crisis climática, ¿cómo debe ser el trabajo en el futuro? Este es la pregunta que ha planteado Ecologistas en Acción en su último informe. Titulado Escenarios de trabajo en la transición ecosocial 2020-2030, la organización ecologista explora el vínculo entre el trabajo y las emisiones de gases de efecto invernadero. Para ello, modela y analiza tres posibles futuros.

El primero es el denominado Business as usual (BAU), similar a la situación actual y donde nada cambia. Según el informe, este escenario “es incompatible con cualquier intento de encarar la emergencia climática, pues implica un importante incremento de las emisiones (21%)”.

El segundo es el Green New Deal. En términos climáticos, “este escenario avanza en la dirección correcta, pero algo despacio (reducción del 55%), y es poco compatible con una idea de justicia climática global”, apuntan desde Ecologistas.

Por último, está el escenario de decrecimiento. Este sí logra alcanzar un nivel de reducción de emisiones “necesario y climáticamente justo en términos globales (reducción del 80%)”.

No obstante, el sociólogo y miembro de Ecologistas en Acción Walter Actis va más allá, y considera que “la desigualdad tiene que ver con un cambio de paradigma político, no solo con reducir las emisiones”. Coautor del informe, Actis habla con Climática.

¿Qué implica una transición justa en un contexto de crisis climática?

Lo primero es que tiene que ser una verdadera transición climática, no solo un adorno, sino que aborde radicalmente la crisis ecosocial. 

La transición justa significa no dejar por el camino a nadie y, además, afectar necesariamente a los intereses de los más poderosos. Un ejemplo es el sistema energético. Es imposible pensar en la reducción radical de las emisiones manteniendo los privilegios y la estructura de propiedad de las grandes eléctricas. 

También está el reparto de la renta del trabajo, en el sentido de garantizar que los frutos materiales de la transición se repartan equitativamente entre la población.

En el informe donde participa se han sistematizado tres escenarios para esta década. ¿Puede que existan enormes desigualdades durante el proceso de transición?

Si la transición se basa solamente en el tema energético y en reducir las emisiones, claro que puede haber enormes desigualdades. Puede haber una transición absolutamente injusta si se mantiene la estructura de poder y de jerarquía social.

En el escenario de Green New Deal, lo que se plantea es una especie de Keynesianismo, con una fuerte intervención del Estado, que sea una intervención redistribuidora. Por tanto, necesita romper con el marco austeritario (o de políticas de austeridad) de la Unión Europea.

En el otro escenario, el de decrecimiento, tiene que haber una mayoría política y una capacidad de implantarlo, con una fuerte movilización social que lleve a un reparto de la jornada de trabajo; si no, no tenemos nada que hacer. Es decir, si lo que estamos pensando es una transición que, de alguna manera, vaya metiendo renovables, pero sin cambiar nada más, evidentemente, puede ser un desastre. 

La desigualdad tiene que ver con un cambio de paradigma político, no solo es reducir las emisiones. 

¿Hasta qué punto son realistas el modelo de decrecimiento y el modelo Green New Deal teniendo en cuenta la coyuntura política actual?

El informe no plantea qué es lo más probable, sino qué pasaría en cada uno de los escenarios. Atendiendo al escenario Business As Usual, que es más o menos lo que hay ahora, es imposible que haya una reducción de emisiones. El Gobierno, lo que plantea, es hacer una reducción de emisiones compatible con la misma estructura del capitalismo existente y sin tocarle las narices a la UE. Eso no cabe en ninguna cabeza, es un cuento de hadas. Es imposible.

Lo que estamos diciendo es que si se dieran las condiciones para hacer un GND, pasaría esto. Si se diesen las condiciones para hacer una estrategia de decrecimiento, pasaría esto. No estamos diciendo qué grado de viabilidad hay, porque eso es un tema de construcción política. Seguramente, lo que va a pasar en los próximos diez años será una mezcla de todo esto.

Antes que un cambio político, ¿no debe llegar un cambio cultural?

Va todo junto. Por ejemplo, ¿VOX es un cambio político o un cambio cultural? VOX expresa una serie de malestares, de cabreos; una serie de cosas que hacen que, de repente, cuando hace dos años todos nos sentíamos interpelados por el feminismo, ahora resulta que aparece un partido con un montón de votos impugnando y metiéndose claramente contra el feminismo.

Evidentemente, los cambios políticos tienen que ver con cambios culturales. Y, desde luego, tiene que ver una asunción por parte de la población sobre la urgencia de la necesidad de la transición: no es algo para hacer cuando nuestros hijos sean mayores. Esto está empezando a pasar. Hace dos años no existía la figura de Greta, ni Fridays For Future, ni Extinction Rebellion… Ahí hay una muestra de que algo se está moviendo, lo cual no es garantía de nada. 

En todas las encuestas que se hacen, la gente ve que el cambio climático es algo fundamental. Otra cosa es cuando les dices: ‘Vale, para afrontar esto que tú dices que es importante te vamos a quitar estos privilegios’. Ahí ya se disgustan. Esto tiene que ver con una pedagogía política, con qué mensaje se lanza desde los medios y los políticos…

El informe plantea la reducción de jornada a 30 horas. ¿Qué implicaciones reales tendría este cambio en cuestiones climáticas y sociales?

A menor jornada de trabajo, si hay que realizar ‘X’ horas de trabajo, tenemos más empleos que repartir.

En el caso del decrecimiento, si no hiciéramos ese recorte de la jornada, se perderían un montón de empleos. Eso no es transición justa. Si recortamos la economía tenemos que repartir lo que nos quede entre todos. Ese sería un argumento. El otro es la reducción del tiempo de trabajo. Es decir: tener menos tiempo dedicado al trabajo y tener más tiempo para actividades que hagas en el seno de la comunidad, de la familia… 

La semana pasada, durante la presentación del informe en Madrid, comentaba que «la crisis ecosocial es más que el cambio climático» y que «centrarse solo en eso puede ser un error». ¿Por qué no se debe caer en esa personificación?

Un ejemplo: la crisis de biodiversidad está bastante invisibilizada. Estamos en el año de biodiversidad, pero no parece una prioridad en las políticas públicas. Es tan, tan significativo y tan gran grave como la crisis climática. 

Otro caso: la escasez de materiales minerales, y el pico del petróleo. Esta serie de elementos hacen que la transición climática también esté condicionada. ¿Con qué vamos a construir los generadores o los paneles solares que necesitamos para remplazar a las energías fósiles? Para ello se requiere de materiales y minerales escasos. No se puede plantear que vamos a tener todo lo que queramos.

No se puede hacer la transición a una economía descarbonizada como si no existiesen estos elementos de restricción material. Esto es parte de la crisis ecosocial. 

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ArroyoClaro

Con la campaña ‘Los humedales y la biodiversidad’ se busca poner de relieve el impacto de las especies exóticas invasoras (EEI) en la biodiversidad existente en los humedales.
Estos espacios se están mostrando también frágiles y vulnerables a las amenazas que los deterioran, entre ellas las poblaciones de especies exóticas invasoras que los invaden.
Además de competir, desplazar o propagar enfermedades a las especies autóctonas, pueden producir modificaciones de la estructura de los ecosistemas y en su funcionamiento. Además del daño ambiental, la presencia de estas especies en el medio natural también puede conllevar graves impactos socioeconómicos.
Las EEI son consideradas la segunda causa de la pérdida de biodiversidad. Según la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) son responsables del 39 % de las extinciones conocidas y de poner en peligro a un número importante de especies con algún grado de amenaza. El 25 % de las especies que habitan o tienen relación con lo humedales están amenazadas.
La Directiva Marco del Agua es una buena referencia para conseguir el buen estado de los ecosistemas acuáticos.

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