Twitter

¿Es Twitter el lugar idóneo para comunicar la ciencia?

«A la limitación de espacio y los altos niveles de ruido, se une la permanente necesidad de encontrar la aprobación ajena», defiende el autor.

Lodazal, máquina de triturar personas, campo de batalla, jaula de grillos… Estas son algunas de las definiciones que se leen en Twitter sobre la propia red, y que me han llevado, acuciado por un mayor uso de la red durante los meses de confinamiento, a plantearme si Twitter es un medio adecuado para divulgar y comunicar ciencia.

En 2014, coincidiendo con una reunión científica nacional y animado por un colega científico con la premisa de que era un buen medio para acceder a información científica y divulgar, abrí una cuenta en Twitter. Seis años después, tengo serias dudas.

La esencia de Twitter es publicar mensajes de no más de 180 caracteres. Una extensión muy limitada para hacer una exposición mínimamente elaborada de casi todo, pero máxime del contexto, la metodología y los resultados de un trabajo científico.

Hay personas tan buenas divulgadoras que pueden hablarnos sobre un tema, sin renunciar a su entidad completa y durante breves instantes. La escritura complica las cosas al carecer del lenguaje gestual en que se apoyan las palabras dichas. No obstante, se puede comunicar ciencia de forma escrita y muy sintética. De hecho, parte de nuestra labor se centra en condensar hechos, más o menos complejos, en un texto de reducidas dimensiones (el artículo científico) o en material divulgativo para público no experto. Un ejemplo común es el resumen que abre casi cualquier artículo científico. Pero por muy escuetas que sean estas fórmulas, ninguna lo es tanto como un tuit.

Unido a esto, la permanente exposición a ideas formuladas en 180 caracteres, redunda en la falta de atención que nos asola, necesaria en el día a día para muchas actividades y crucial en la labor científica; donde, por ejemplo, leer trabajos de otras colegas debiera ser actividad recurrente.

Democracia tuitera

Una de las ‘bondades’ de las redes sociales es la ‘democratización’ de la comunicación. Todo usuario es, en principio, igual al resto. Lo mismo puede opinar del impacto de un viaje en metro sobre la propagación de la COVID-19 un experto en inmunología que una persona que no sabe lo que es el ácido ribonucleico (ARN). Sin embargo, esta (supuesta) apertura de la ciencia a la sociedad queda imposibilitada en el formato típico del hilo de Twitter. Ante temas de actualidad se genera rápidamente un gran ruido de opiniones diversas, entre las que conviven manifestaciones técnicas, opiniones ligadas al tema tratado, juicios de valor… Y el ruido, al final, no es buen compañero de la comunicación científica.

La ciencia en Twitter se ha convertido en un elemento más del pin-pan-pum nacional. Y ello, además de lastrar nuestra ya exigua cultura científica, supone una merma en la credibilidad y el rigor científicos, favoreciendo la confusión.

Quiéreme mucho

A la limitación de espacio y los altos niveles de ruido, se une la permanente necesidad de encontrar la aprobación ajena. Likes como premios con el que refrendar una afirmación. En el ámbito científico, el sosiego y el rigor necesarios son antagónicos con la imperiosa necesidad de un ‘me gusta’ fugaz. El ego es un músculo hipertrofiado profesionalmente en el ámbito científico, y la permanente búsqueda del like inmediato como respuesta a sentencias sólidas es contraria a narrativas científicas ligadas a la incertidumbre y abiertas al cambio permanente.

Canales de comunicación científica

No, un hilo de tuits no es un artículo científico en cualquiera de sus múltiples variantes: revisiones, comunicaciones cortas, comentarios, editoriales, etc. La gran d