Repsol anuncia un plan de transición energética insuficiente y poco realista para cumplir con los objetivos climáticos

El plan de reducción de emisiones que ha presentado la segunda compañía española que más contribuye al cambio climático establece objetivos insuficientes y poco realistas conforme a varios estudios publicados.

El Plan Estratégico para el periodo 2021-2025 que ha presentado hoy Repsol «marcará la transformación de la compañía en los próximos años», según dice la propia empresa. Su hoja de ruta pasa por invertir 18.300 millones de euros para «descarbonizar su cartera de activos» y apostar «por un nuevo modelo operativo». La cantidad destinada a iniciativas bajas en carbono ascenderá a 5.500 millones entre 2021 y 2025, es decir, un 30% del total de la inversión. Su objetivo: llegar a cero emisiones netas para 2050.

A pesar de que la empresa se autodenomina «líder en la transición energética», los datos no parecen decir lo mismo: Repsol es la segunda empresa que más contribuye al cambio climático en España. Lejos de disminuir, sus emisiones de CO2 aumentaron un 13% en 2019 respecto al año anterior, según el informe Descarbonización 2020 del Observatorio de Sostenibilidad.

Reducción de emisiones insuficiente

Con este plan, la compañía estima que reducirá la intensidad de sus emisiones de dióxido de carbono en un 12% para 2025, en un 25% para 2030 y en un 50% para 2040. Entre las estrategias para lograr estas disminuciones, Repsol nombra la adopción de «las mejores tecnologías disponibles», la minimización del consumo de energía y la digitalización de sus operaciones. Asimismo, desde la compañía hablan de la creación de «nuevos negocios de cero emisiones» vinculados al hidrógeno renovable, los biocombustibles sostenibles, el uso de residuos como materia prima y la circularidad.

Sin embargo, según varios informes publicados recientemente, estos objetivos resultan insuficientes de cara a cumplir con el Acuerdo de París. Un análisis de Transition Pathway Initiative publicado en mayo de este año establecía que las principales compañías de gas y petróleo –entre las que también se encuentra Repsol– deberían reducir su intensidad de emisiones en más de un 70% entre 2018 y 2050 para así alinearse con un escenario climático de 2 ºC para 2050. Y, para una verdadera estrategia de cero neto –es decir, compensar lo que se emite– requeriría de una reducción del 100% de las emisiones absolutas.

Ya en 2019, otro análisis, este del think tank financiero Carbon Tracker, establecía que Repsol es una de las empresas que más trabajo tienen por delante. El informe daba una cifra de reducción de emisiones del 65% para 2040, similar a la de Transition Pathway Initiative, pero algo más baja, y que, aun así, la compañía no alcanza según el plan presentado este jueves.

Un proyecto de combustibles sintéticos que tardará años en estar operativo

Tal y como ya señalaba el informe de Transition Pathway Initiative, muchos de los planes de este tipo de empresas dependen de tecnologías aún por desarrollar. En este sentido, desde Repsol han anunciado que «la captura y uso del CO2 serán fundamentales en este proceso de transformación, gracias a proyectos como el de combustibles sintéticos que se desarrollará en Petronor, única refinería de la Península Ibérica y una de las pocas de Europa que ha integrado este tipo de procesos». Sin embargo, este es un proyecto que Repsol y Petronor anunciaron el pasado mes de junio y cuya instalación no estará operativa hasta dentro de cuatro años.

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COMENTARIOS

  1. La Unión Europea debe adoptar medidas urgentes para reducir el impacto total del transporte aéreo.
    Un informe de la Agencia Europea de Seguridad Aérea alerta de que el impacto total de los vuelos sobre el clima es el triple del asociado únicamente a sus emisiones de CO2.
    Aparte del CO2, los aviones emiten otras sustancias (óxidos de nitrógeno, hollín y vapor de agua, entre otros) que generan estelas y nubosidad inducida, causantes del doble de calentamiento global que el CO2.
    La reducción del número de vuelos resulta esencial para mitigar de forma inmediata esos impactos, así como otras medidas que deben ser puestas en marcha de forma urgente.
    “la única forma real de mitigar los impactos climáticos de la aviación es volar menos. La Unión Europea debe asumir que el avión es una forma de transporte con un altísimo impacto ambiental, social y económico. Por ello, es necesario revertir las políticas de estímulo a la aviación –rescates, exenciones fiscales, subvenciones, etc.- y sustituirlas por una transición hacia un modelo de transporte y movilidad más justo y sostenible que redunde en el interés general del conjunto de la población y del planeta”.

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