Recuerdos del futuro

El Antropoceno ya está aquí. El declive ecológico deja su huella en la psique humana, produciendo traumas por eventos aún no ocurridos.

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Este artículo fue publicado originalmente en #LaMarea71: ‘¿De quién es España?’ (julio 2019)

¿Recuerdas cuando el ser humano reinaba en la Tierra? Cuando el mar se volvió ácido y la sequía arrasó los campos de cultivo hasta dejarlos en roca viva. Cuando la tormenta llegó a la costa y se llevó por delante la playa de tu infancia. Cuando el fuego devoró los montes. ¿Recuerdas el verano aquel que no terminó? ¿Recuerdas cuando el ser humano no quiso escuchar? La Tierra sí lo recuerda. Y cada día, también, más gente lo hace. La humanidad ya es, posiblemente, la fuerza natural más poderosa del planeta, y así queda grabado en las rocas, la memoria de la Tierra. Se le ha llamado Antropoceno: la unidad temporal geológica en la que la huella humana está quedando registrada en los estratos del suelo de manera distintiva y distinguible. El Antropoceno, acuñado por el premio Nobel Paul Crutzen en 2000, habría dado comienzo a mediados del siglo pasado.

Y aquí es donde entra la memoria, que no es solo una mirada hacia el pasado. Clara de Massol, investigadora en el King’s College de Londres, estudia cómo registramos la memoria del mundo cada vez más cambiante e incierto del Antropoceno. “Antes pensábamos en la Historia simplemente como la historia de los humanos, pero ahora tenemos que pensar en la historia de los humanos a una escala de tiempo geológico. El Antropoceno es muy importante para la memoria, porque los humanos ahora somos un medio de conservar esa memoria mediante nuestros impactos sobre el planeta”, afirma en conversación telefónica con La Marea. “El Antropoceno es una época que no podemos recordar de verdad, porque no hemos estado allí aún, pero que nos atañe. Y nos impulsa a pensar en el tiempo en el que ya no estemos aquí, pero sí nuestros vestigios. La memoria del Antropoceno es una memoria futura”, prosigue.

Las consecuencias abrumadoras del innegable declive ecológico que supone la principal característica del Antropoceno ya han empezado a abrirse paso en la psique humana, el trauma medioambiental no es ya una entelequia. No podemos recordar el futuro, pero sí podemos sufrir las consecuencias de ese recuerdo. El profesor Stef Craps, de la Universidad de Gante (Bélgica), es uno de los investigadores pioneros en la intersección de los estudios de la memoria y los que se centran en la crisis climática y ecológica. Craps habló con La Marea sobre la memoria, el trauma y cómo el calentamiento global y sus consecuencias alteran un panorama cultural que, como siempre, se ve dominado por una visión eurocéntrica. Hay diferentes conceptos y términos propuestos: desde la solastalgia al luto ecológico o síndrome de estrés pretraumático. Muchos de ellos, no obstante, se solapan. “Podríamos hablar de cada uno de estos términos, de lo que tienen en común o en lo que difieren, pero la clave es que todos indican que existe un riesgo real para la salud mental tanto por la pérdida ecológica vivida como por la anticipada”, explica Craps. “Hay evidencias de que el cambio climático produce impactos crónicos y agudos sobre la salud y el bienestar mental”, añade.

A menudo se habla del trauma como un resultado de una experiencia negativa. En Europa, la Primera Guerra Mundial marcó a las generaciones que vivieron el periodo de entreguerras. Y, sin embargo, según afirma el investigador, en ellos también pesó la sombra de que un conflicto aún peor estaba a la vuelta de la esquina. “La gente de ese periodo no podía saber que estaba en el periodo de entreguerras, y, sin embargo, en cierto modo lo sabía. Había un pretrauma, una ansiedad ante la anticipación de un mundo aún más devastador que, de alguna manera, sabían que llegaría”, argumenta Craps.

Registro cultural, ¿eurocéntrico?

Si algo caracteriza al ser humano es su tendencia a inmortalizar sus memorias y experiencias en expresiones culturales que los sobrevivan. Y esta tendencia no es extraña a cómo procesamos la memoria futura del Antropoceno. Desde la proliferación de obras de ficción a la creación de monumentos e incluso una ópera, el declive de los ecosistemas que aún no hemos vivido está quedando registrado en la memoria colectiva.

“Cuando empecé mi investigación hace dos años, y explicaba a la gente lo que estaba estudiando, se me quedaban mirando y me pedían que se lo explicase desde el principio. Ahora, en cambio, el Antropoceno está mucho más presente en la cultura”, afirma De Massol, aunque reconoce, entre risas, que todavía tiene que explicar lo que significa el concepto: “Aún forma parte, en cierto modo, de círculos culturales elitistas, como museos u óperas, pero empieza a abrirse paso”.

Stef Craps también sigue de cerca el paso de la memoria del Antropoceno al registro cultural histórico, con especial atención al trauma. En décadas pasadas, sostiene, representábamos el trauma como un “nunca más”. Ahora, sin embargo, el trauma es anticipado, así que se representa como un “nunca en la realidad”. “Un buen ejemplo de este pretrauma en la ficción es la película Take Shelter, que cuenta la historia de un hombre atormentado por una serie de pesadillas y visiones apocalípticas que toman la forma de tormentas e inundaciones, entre otras. Es una lectura de los miedos más básicos sobre la devastación climática y los eventos meteorológicos extremos, y cómo pueden llevar al colapso de la civilización humana.

No obstante, la representación cultural de estos miedos y este trauma preventivo no deja de ser predominantemente eurocéntrica. Clara de Massol advierte contra esa visión sesgada: “El Antropoceno es un concepto occidental, inventado por científicos occidentales. Y para las personas de aquí significa un gran cambio en cuanto a nuestra percepción del tiempo. Sin embargo, las comunidades aborígenes de Australia, por ejemplo, tienen una concepción totalmente distinta con el medio ambiente y el tiempo. Para ellas no es pasado, presente y futuro”, explica la investigadora, que aunque afirma que no puede hablar por ellas, sí incide en que “es diferente”. “El Antropoceno está afectando a la separación entre humanos y naturaleza, pero esa es una separación occidental. El Antropoceno es un concepto occidental, inventado por occidentales, y que va a servir, sobre todo, a las comunidades occidentales”, concluye. Ambos, De Massol y Craps, participaron en el Congreso de la Memory Studies Association, en Madrid, a finales del pasado junio.

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Comentarios
Yyorepublicana

consumamos con inteligencia , hagamos trueque y compremos a productores que respetan la naturaleza, y respetemos los ecosistemas , no compremos por comprar sino de manera a no gravar el planeta , se puede hacer basta con querer(comer bien no es comprar en cantidad sin calidad y producido sin respeto animal y vegetal, no necesitamos comer comida rápida se puede hacer en casa y congelar , no hay que comprar platos hechos porque todos tienen conservantes, algunos ademas tienen colorantes E… y titanio y eso a la larga provoca cáncer, todo eso Europa lo autoriza porque los lobbies tienen cancha en todos los países)
Hay que volver a cocinar casero no lleva mas tiempo si lo haces una vez por semana y lo congelas, haces una lista y te buscas productores «bio» o con protocolo «bio» que los hay en todas las regiones basta con teclear tu internet.
No compres demasiado embalado , prefiere a granel! y no uses y tires prefiere lo que dura y puedes lavar! la ropa reciclala y no la tires que seguro que alguién la necesita hay asociaciones que reparte a la gente pobre o que la venden por pocos euros, no es necesario cambiar a cada estación para seguir una moda idiota que no respeta los materiales naturales y te vende plásticos (poliamida, elastano…) , si utilizas materiales naturales como lino y seda no tendrás calor en el verano, eso lo utilizaban desde tiempos inmemoriales y si lo compras te dura toda la vida si lo lavas a mano
Tus zapatos no utilices sintético sino cuero como antes los pies sufren menos y dura toda una vida si lo reparas con buenos profesionales

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