«Para que el cambio climático impacte menos a la salud hay que invertir más en educación ambiental»

Cristina Linares y Julio Díaz, miembros del Grupo de Investigación en Salud y Medio Ambiente Urbano del Instituto de Salud Carlos III, valoran el informe Lancet Countdown 2019

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Esta semana se conocían los resultados del informe Lancet Countdown 2019, elaborado por la prestigiosa revista médica The Lancet. Los resultados son contundentes: la salud de los niños y las niñas que nazcan hoy se verá profundamente afectada por el cambio climático si no se toman acciones inmediatas.

A través del estudio de 41 indicadores, el documento marca puntos de atención que, no obstante, no suponen una novedad para los investigadores médicos. Cristina Linares y Julio Díaz, miembros del Grupo de Investigación en Salud y Medio Ambiente Urbano del Instituto de Salud Carlos III, piden que se dediquen más esfuerzos a intentar que la sociedad entienda una amenaza que llevan décadas investigando. Este viernes hablaron con Climática para valorar el citado informe y desgranar los riesgos específicos a los que nos enfrentamos en España.

¿Qué valoración general hacen del informe de Lancet Countdown?

Cristina Linares: Una de las cosas que me parece más interesante es que, además de reafirmarse y volver a dar datos sobre la vulnerabilidad y los riesgos sanitarios frente el cambio climático, ahora introducen nuevos riesgos. No es que esos riesgos sean nuevos, sino que se amplían. Aparecen temas como la migración, la pobreza extrema, los conflictos armados o la salud mental. Todos esos impactos antes no se consideraban y ahora vemos que tienen mucho mayor alcance social del que se creía. Lo bueno es que estos informes se están actualizando independientemente de las instituciones administrativas, económicas o jurisdiccionales.

¿Esperaban estas conclusiones?

Julio Díaz: A los que trabajamos en este tema nos sorprende que sorprenda, que cale tan poco. Igual que nos sorprende que la gente se eche las manos a la cabeza con lo que está pasando en Venecia. Es algo que se viene diciendo desde hace 15 o 20 años.

El documento no dice nada que no se supiera ya. Ya se sabe, por ejemplo, que la contaminación atmosférica y las olas de calor afectan en los partos prematuros y el bajo peso al nacer, que pueden dejar secuelas en toda la vida de un niño. Me parece oportunista que se diga ahora que algo que ya está ocurriendo depende de qué ocurra con el Acuerdo de París. No tiene nada que ver. Lo que pasa es que si no se cumple ese acuerdo, esos problemas se van a exacerbar. Pero esto ya está ocurriendo. Nosotros llevamos analizando series de datos desde el año 2000 recogiendo datos y constatando esto. El informe está muy bien porque pone de actualidad muchos temas interesantes. Pero eso no significa que no sean temas conocidos.

CL: Para la comunidad científica no es nada nuevo, pero ahora se publica y se pone de manifiesto. Y en este informe se tocan algunos temas que hasta ahora no tenían tanta relevancia en los medios. Ahora se está hablando de temas como la desnutrición o la transmisión de enfermedades tropicales, con un ángulo especialmente interesante: siempre hay desigualdad económica por grupos de edad y por género. Por consiguiente, si las consecuencias van a ser dramáticas sobre la seguridad alimentaria o la energética, por ejemplo, pues los grupos más vulnerables van a ser los que sufran más esas consecuencias.

Sorprende, entre otros, el tema de la desnutrición y la inseguridad alimentaria…

JD: Efectivamente. El problema del cambio climático es que son una serie de fenómenos que se retroalimentan unos a otros. Por ejemplo, uno de los principales problemas en relación con cambio climático y salud son las migraciones climáticas. Y esa gente se va a desplazar porque van a faltar cosechas para alimentarse. Otro ejemplo: los incendios forestales y el polvo del Sáhara inciden en los partos prematuros y bajo peso al nacer. Si tenemos una sequía, que a su vez agrava esos dos fenómenos, y a eso le unimos que va a haber más olas de calor, más ozono… no son fenómenos aislados. Son un conjunto de fenómenos que se van concatenando unos a otros. Y cada vez tienen un impacto mayor.

Precisamente estamos a punto de publicar un estudio que aborda cómo incide la sequía en la salud, y no solo a través de problemas respiratorios y circulatorios, sino también a través de problemas mentales.

Sobre cambio climático y salud mental publicamos hace tiempo un artículo con el que mucha gente se sintió identificada.

CL: Claro. Muchas veces lo que nos hace falta es precisamente ese trabajo de traducir a la población en general lo que en la comunidad científica ya llevamos mucho tiempo investigando. Porque las administraciones no lo están haciendo.

JD: Veo que todos estos informes, todas estas cosas hablan muy poco de cómo se resuelve el problema. Todos los días salen artículos sobre cómo incide la contaminación en la salud. Hay mucha evidencia científica ya. No sigamos investigando en algo que ya sabemos. Deberíamos pasar a dedicar parte de nuestro esfuerzo y recursos a que eso trascienda a la sociedad. Y ahí los educadores ambientales son clave. Los científicos no llegamos a la sociedad. Habrá que darles a los educadores ambientales el papel prioritario que necesitan, porque yo creo que se ve. Volvemos a hablar de lo mismo, y aun así la gente no sabe que la contaminación mata. Se lo dices y no se lo cree.

¿Cuál es el principal problema que ven para la salud?

CL: El principal problema ahora mismo es que la transformación del clima avanza más rápido que lo que los gobiernos están dispuestos a responder. Tenemos que adaptarnos y mitigar. Los profesionales de la salud tenemos que generar mapas de vulnerabilidad y riesgo y pasar a la acción de una vez. No se puede exponer el problema de más formas. Tenemos que actuar ya.

Y es que gran parte de la sociedad ya lo sabe. Movimientos como Fridays for Future o Extinction Rebellion lo demuestran: hay una intención de cambiar de hábitos de vida.

JD: Quizás mi visión sea más negativa. La gente que está convencida, ya lo está. El problema es llegar a los que no quieren saber nada del tema. Es una situación de negar la evidencia para no complicarse la vida. Y eso lo hace un bloque enorme de población. Y ni los científicos ni los periodistas podemos llegar a esa gente: son los educadores ambientales los que tienen que dar ese paso. A lo mejor es tirar piedras contra nuestro tejado, pero quizás haya que dejar de pagar tantos estudios para buscar evidencias científicas y destinar esos recursos a otros colectivos que sean capaces de hacer lo que nosotros no podemos hacer.

¿Ven algún tipo de brote verde?

CL: No sé qué decirte. Cuando te llevas pegando contra la misma pared tanto tiempo pues… A nivel personal tenemos sensación de cansancio. Pero hay algo que me hace ser optimista. Y no es la respuesta de la Administración o los gobernantes, sino la de la gente. Por eso insistimos en el tema de la educación ambiental.

Todos estos movimientos sociales que se han ido fraguando en torno al cambio climático me generan cierto optimismo. Ahora hay que asegurarse de que eso no se quede ahí, sino que repercuta hacia arriba y logremos una transición económica en pos del desarrollo sostenible.

El informe, y la mayoría de titulares que hemos visto en prensa, pone mucho énfasis en la infancia y en los desafíos que supone el cambio climático para la salud de niños y niñas que nazcan hoy. ¿Cuáles son algunos de esos desafíos para un bebé que nazca hoy en España?

JD: Empecemos por los efectos más importantes y a más corto plazo. Por ejemplo, la contaminación atmosférica, que afecta especialmente a los niños, pero no solo por problemas respiratorios y esperanza de vida, sino que está incidiendo en problemas de desarrollo neurológico. La contaminación atmosférica está detrás del autismo y otros trastornos del desarrollo cognitivo. Hay una investigación que demuestra que los niños que viven en los lugares en los que hay más contaminación atmosférica tienen menos desarrollada una parte del cerebro. Eso les va a suponer un lastre para toda su vida.

Y luego hay temas menos intuitivos, como las olas de frío, que también se agravan por el cambio climático. Al contrario que con el calor, al que son más resistentes, los niños sí mueren por frío. También hay otras vulnerabilidades específicas, como las enfermedades infecciosas y diarreicas…

Y resumiéndolo todo: estos efectos van a aumentar de forma exponencial. No va a ser un incremento lineal de temperatura. Les hemos dejado el problema nosotros, pero se lo van a comer ellos.

CL: También hay problemas de salud mental. En los barrios en los que hay más nivel de contaminación aparecen mayores problemas de salud mental, ansiedad, depresión. Y en la edad adulta, la contaminación está relacionada con la exacerbación de enfermedades como alzhéimer o demencia.

El problema es que no nos da tiempo a adaptarnos. La velocidad de los cambios es tan grande que a los sistemas de salud no nos da tiempo a tener una adaptación adecuada.

¿Cómo podría mejorar eso en un país como el nuestro?

CL: Lo primero es ser conscientes de lo que está pasando. En otros países europeos, o en Canadá, ya existen sistemas de vigilancia de riesgos de cambio climático. Igual que en España hay un plan de prevención frente a las altas temperaturas, que funciona muy bien, hay que crear planes de prevención de otros riesgos. Por ejemplo, un plan para el frío, o un plan estatal para los vectores de transmisión. Como las competencias están transferidas, cada comunidad autónoma recoge sus indicadores y monitoriza sus casos, pero bajo mi punto de vista debería estar integrado en un sistema a nivel estatal, porque las cuestiones de salud nos afectan a todos. Debería haber un organismo que vigile todo esto, porque lo que no se monitoriza es como si no existiese.

JD: No se pueden dejar asuntos como las respuestas a una situación episódica de contaminación al albur de la administración local de turno. Debe haber un plan a nivel estatal, como el que hay para el calor, y no debe depender de quién esté en la administración. Un buen ejemplo es la ley elaborada por el Ministerio de Transición Ecológica: que haya zonas de bajas emisiones en municipios de 50k habitantes. Eso va por el buen camino. 

Con esto no quiero decir que las administraciones locales lo hagan todo mal. Los pasos que se han dado, por ejemplo, en la lucha contra el mosquito tigre han sido impresionantes. Han conseguido controlar el impacto que pudiese tener ese vector de transmisión de enfermedades infecciosas. Se está haciendo cosas, pero cuando veo todo lo que no se hace a veces me siento frustrado.

¿Por qué creen que no se están tomando estas medidas?

JD: No lo sé. Creo que no hay una visión a nivel de montar algo que dure más que una legislatura. A nivel político las cosas se ven a cuatro años vista. No hay puentes entre el Ministerio de Transción y el Ministerio de Sanidad. ¿Crees que puede haber un borrador de cambio climático y se hable de biodiversidad y no de salud humana? Parece que cada uno va por su lado.

CL: Lo que pasa es que esto ocurre con muchas cosas. Pasa con la temperatura, con la contaminación, con el ozono… Son temas transversales que van más allá de fronteras. Ya no es una cuestión de provincias o de ciudades, sino que afectan a Portugal o Francia. Se debería trabajar de forma transversal. No se trata tanto de medir si nos pasamos o no, que eso ya se hace, sino de proteger la salud de las personas.

¿Crees que este artículo se podría publicar sin…

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Comentarios
Chorche

A JUICIO LA EXCLUSION SANITARIA.
A pesar de que el gobierno defendió en 2018 haber devuelto la universalidad a nuestro sistema sanitario, esto dista mucho de ser cierto.
Es por esto que desde Yo Sí Sanidad Universal y el Grupo de Afectadas por el INSS lanzamos este crowdfunding para sufragar los gastos de las estrategias judiciales que vamos a poner en marcha.
https://www.goteo.org/project/a-juicio-la-exclusion-sanitaria
Si crees que la salud es un derecho, colabora, difunde y denuncia la exclusión con el hashtag #LaLlamanUniversalYNoLoEs

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Carmen C.

Muy interesante el artículo, contenidos como éste deberían ser de enseñanza obligatoria desde la más tierna infancia.
Los ecologistas (y también los campesinos vocacionales del siglo pasado) por lo menos vienen advirtiendo del cambio climático desde hace 30 ó 40 años, se les ha perseguido, se les ha criminalizado, se les ha asesinado, se les ha acusado de enemigos del progreso, de querer hacer volver a la sociedad a las albarcas y a la prehistoria.
El cambio climático no cala en la sociedad porque los medios de comunicación del sistema capitalista están parta entretener, para que la gente no piense, para manipular, utilizar y sacar beneficio de ella.
Bueno, frío ya no hace apenas. A lo sumo una semana u dos en todo el invierno. Yo si he conocido inviernos de extensas nevadas y heladas, ahora si nieva es tal la novedad que la gente le saca fotos. Los olivos, por ejemplo, contraen enfermedades características que antes se curaban con los intensos y largos fríos, pero como aquellos fríos pasaron ya a la historia ahora ya están crónicamente enfermos y el fruto se les cae antes del tiempo de recolección.
Muchas gracias a lxs dos investigadorxs y al Instituto de Salud Carlos III.
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La emergencia climática es real. Entonces, ¿cómo es posible que aquellos que han protegido y aún protegen nuestra Tierra sean acusados ​​falsamente de crímenes y encerrados en prisión? Los pueblos indígenas y las comunidades locales están protegiendo la Tierra para toda la humanidad. Lo están haciendo si eso significa arriesgar sus vidas o ser tratados como delincuentes. Algunos incluso han muerto por ello.
Land Rights Now: Dentro de dos semanas, personas como tú de todo el mundo se unirán para pedir el fin de la criminalización de los defensores de los derechos de la tierra.
https://drive.google.com/file/d/1yG_Q79HNUcPbZ3IVDdOfgHPIvTTtQXTn/view

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