COP 25 [Día 8]: Resignados a la emergencia climática

Los Países Menos Avanzados piden a los ricos ayuda para adaptarse a unos impactos que ya ven casi como inevitables.

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El octavo día de la COP 25 es uno de los días marcados en rojo en el calendario de la cumbre del clima: hoy se ha dado el pistoletazo de salida al tramo de alto nivel de las negociaciones. Traducción: IFEMA se ha llenado de ministros y otros altos cargos de Medio Ambiente, Economía y áreas relacionadas que han venido hasta Madrid para ultimar los acuerdos que deberían firmar a final de semana.

Aquí es donde las negociaciones deberían ponerse interesantes. Hemos ido de nuevo a la caza de quien nos pueda contar los entresijos de estas discusiones. Y esta vez hemos elegido otro de los grupos más vulnerables a los impactos de la emergencia climática, junto con el de los países insulares, el de los ‘Países Menos Avanzados’. No es un término que nos hayamos inventado nosotros; es una lista elaborada por Naciones Unidas, y revisada cada tres años, que incluye las naciones de bajos ingresos y, por ello, más vulnerables a los cambios económicos y medioambientales. Actualmente 47 países están en la lista. La mayor parte, de África y de Asia. 

Primera constatación en nuestra búsqueda: son más difíciles de encontrar que los negociadores de los grandes países. Sus stands son, en general, más pequeños, más austeros y tienen menos actividades programadas. La mayoría tampoco está en los pasillos principales.

Austeridad en la COP

Comenzamos por África Occidental. El espacio de Burkina Faso consta de una pequeña entrada, decorada con un perchero, una mesa y algunas sillas. También hay una sala algo más grande en la que una decena de funcionarios del gobierno trabaja sin descanso. El ministro de Medio Ambiente, Batio Bassière, nos da la bienvenida, pero se marcha corriendo a una reunión y nos deja con Joel Korahire, uno de los técnicos del ministerio.

Korahire nos cuenta que cerca del 85 por ciento de la población en Burkina Faso depende de la agricultura. Eso les hace especialmente vulnerables al cambio climático. “Si hay sequías o inundaciones, los impactos se van a sentir sobre toda nuestra economía nacional […] y millones de personas se van a ver afectadas”, explica. Y se muestra frustrado ante las reticencias de los países industrializados a aportar más al Fondo de Adaptación, que actualmente se nutre del dos por ciento de las transacciones de los créditos de carbono establecidos por el Protocolo de Kioto. “Los esfuerzos de los países desarrollados no son suficientes. Debería llegarse al 5 por ciento”, asegura Korahire.

También en Asia

Sus colegas asiáticos de Bangladesh, cuyo stand es más grande y atractivo, comparten su opinión. Porque hay cierto fatalismo en las conversaciones y casi nadie habla de mitigación, o de reducción de emisiones, ya que no depende de ellos, dicen. “Nuestra contribución a las emisiones es prácticamente nula”, asegura Monsurul Alam, secretario adjunto del Ministerio de Medio Ambiente, Bosques y Cambio Climático del país. 

Su mensaje está, sin embargo, centrado en la adaptación a unos impactos que no tienen ninguna duda que llegarán. En algunos casos, como el de Bangladesh, ya los están sufriendo. “Queremos mostrar nuestros avances en adaptación y ser un ejemplo”, dice su compañero Rafique Ahammed, director del departamento de Medio Ambiente. Algo fundamental en su país, aseguran, debido a la alta densidad de población. Así, Bangladesh es el país más densamente poblado del mundo, sin contar los estados insulares o las ciudades-estado. 

A media tarde, el representante del grupo negociador de los Países Menos Avanzados, Sonam Phuntsho Wangdi, de Bután, nos recor