No es solo la Amazonia: Indonesia también está ardiendo

Los incendios se han incrementado por primera vez desde la crisis de 2015, vinculados fundamentalmente a la expansión del aceite de palma y de la industria papelera.

Comparte

La Amazonia está ardiendo. Pero no es el único lugar clave para el ecosistema que está siendo pasto de las llamas. Indonesia, el tercer país con una mayor extensión de bosque tropical del mundo, tras Brasil y la República Democrática del Congo, también lleva meses sucumbiendo ante miles de incendios.

Así, entre enero y mayo de este año ardieron casi 43.000 hectáreas, el doble que durante el mismo periodo de 2018, según datos proporcionados a principios de agosto por el Ministerio de Medio Ambiente y Bosques del país asiático. Un preludio del desastre que podría estar a punto de comenzar, ya que la estación seca, cuando el fuego campa a sus anchas, comienza en agosto y se extiende hasta noviembre.

Los datos dejan poco espacio al optimismo. En lo que llevamos de agosto, se han registrado más de 42.000 alertas, según la iniciativa Global Forest Watch Fires. Así, 2019 es el primer año en el que el número de incendios se ha incrementado desde la crisis de 2015 que arrasó más de 1,7 millones de hectáreas y generó una densa nube de humo que cubrió Singapur y buena parte de Malasia, viajando más de mil kilómetros hasta el sur de Tailandia. Además del desastre medioambiental, la contaminación fue relacionada con la muerte prematura de cerca de 100.000 personas en las zonas más cercanas a los incendios, según un estudio de las universidades de Harvard y Columbia. 

Tras la crisis, el presidente indonesio Joko Widodo aprobó, entre otras medidas, una moratoria sobre la concesión de nuevas licencias a plantaciones de aceite de palma, que han sido directamente vinculadas con la deforestación y los incendios. Con un 45 por ciento de la producción mundial, Indonesia es el primer proveedor de aceite de palma, una materia prima que se puede encontrar en buena parte de los productos alimenticios procesados, pero también en cosméticos, velas y en carburantes.

No obstante, los incendios, una técnica rápida para limpiar el suelo y poder abrir nuevas plantaciones, también están relacionados con una industria que ha sido menos señalada: la de la pulpa de papel. Así, en una investigación sobre los fuegos de 2015, Greenpeace encontró que un 20% de los incendios tuvieron lugar dentro de las plantaciones de papel, mientras que el 16% se dieron en plantaciones de aceite de palma.

Tras la crisis de 2015, Indonesia mantuvo los fuegos al margen —aunque no desaparecieron del todo— e incluso consiguió reducir su tasa de deforestación durante el 2017. Sin embargo, tal y como apunta el World Resources Institute, parte de las razones eran circunstanciales: las temperaturas menos extremas y la caída del precio del aceite de palma llevaron a que deforestar fuera más complicado y menos interesante. En 2019, con temperaturas batiendo récords y los precios del codiciado aceite en alza, las cosas han cambiado.

Un cementerio de CO2 en llamas

Cuando se habla de los rincones con mayor biodiversidad del mundo, Indonesia suele estar entre las joyas de la corona, no sólo por la extensión de sus bosques sino porque cobija a especies únicas como los orangutanes o los elefantes y los rinocerontes de Sumatra. Sin embargo, la destrucción de los bosques indonesios preocupa no sólo por la pérdida de biodiversidad, sino por lo que hay bajo sus raíces. Así, se calcula que en Indonesia hay unos 13 millones de hectáreas de turba, un suelo formado por materia orgánica en descomposición donde están secuestradas grandes cantidades de gases de efecto invernadero.

Pero ese CO2 no se libera fácilmente sin la intervención del ser humano. El suelo bajo los bosques indonesios es húmedo y no suele arder en condiciones naturales. Sin embargo, agricultores, grandes y pequeños, encontraron una manera eficaz de hacer que los fuegos prosperaran: abrir el suelo con canales para que el agua se drenara. Luego, sólo hacía falta prender la mecha para que todo ardiera sin control.

Los incendios en turberas liberan tal cantidad de CO2 que Indonesia, a pesar de ser un país en vías de desarrollo, se coloca año tras año en las primeras posiciones de países con mayores emisiones de gases de efecto invernadero. Así, en 2008 el Banco Mundial ya lo situó en tercera posición, por detrás de Estados Unidos y Brasil. En los peores momentos de los incendios de 2015, en el mes de septiembre, Indonesia se colocó en primer lugar, según el World Resources Institute, superando a las emisiones de Estados Unidos. Esa misma organización estima que a día de hoy Indonesia es el sexto mayor emisor de gases de efecto invernadero. Y la situación podría ir a peor. Las mayores turberas de Indonesia se encuentran en la remota región de Papua, dos provincias en permanente conflicto separatista con el gobierno central y que Jakarta quiere desarrollar. Y muchos temen que eso signifique que el suelo de Papua también arda sin control.

¿Crees que este artículo se podría publicar sin…

la independencia que nos da ser un medio financiado por personas críticas como tú? En lamarea.com no dependemos de anuncios del Ibex35, ni de publirreportajes encubiertos. No es fácil, pero desde 2012 estamos demostrando que es posible.

Lamarea.com está editada por una cooperativa que apuesta por el periodismo de investigación, análisis y cultura. Y que cuenta con una #AgendaPropia. Llevamos años hablando de otro modo de la crisis climática, de feminismo, de memoria histórica, de economía, del auge del neofascismo… Podemos hacerlo porque miles de personas se han suscrito a nuestra revista o avalan nuestros proyectos. Ahora puedes unirte a esta comunidad. Entra aquí

Comentarios
ArroyoClaro

LA AMAZONÍA DEVORADA POR EL SAQUEO CAPITALISTA, Cecilia Zamudio, Canarias Semanal.
«Bolsonaro es nefasto, sí, pero es solo una marioneta más del capitalismo transnacional»
La Amazonía está siendo aniquilada por el saqueo capitalista: deforestada por multinacionales mineras y latifundios, codiciadas sus tierras para el agro industrial, la ganadería masiva, codiciados sus recursos para el aberrante modo de producción capitalista. Lleva tres semanas ardiendo. Miles de animales calcinados, decenas de especies ya en extinción desapareciendo, la mayor selva del planeta diezmada, pueblos indígenas desplazados y exterminados al extinguirse su hábitat… Y todo para que un puñado de multimillonarios capitalice sobre el saqueo del planeta.

No, no es «el fuego», así en abstracto, de «surgimiento espontáneo» el que arrasa con la Amazonía, porque ese fuego es provocado, tiene detrás intereses muy concretos: las multinacionales mineras, las del agro industrial. Son grandes consorcios capitalistas los que se lucran sobre el saqueo del planeta.
No, no es solamente Bolsonaro el problema: Bolsonaro es una marioneta más del capitalismo transnacional. Las multinacionales, los latifundistas, toda la clase explotadora y su sistema criminal, el capitalismo, son los que saquean el planeta, los que explotan a las y los trabajadores, los que provocan ecocidios, genocidios, los que ordenan los asesinatos de campesinos, indígenas y ambientalistas para callar su lucha, los que bombardean las mentes de la clase explotada a través de sus medios de alienación masiva, los que desgarran nuestras vidas con su modelo de explotación, sumisión y destrucción de todo tejido comunitario. Para dividirnos nos bombardean con paradigmas alienantes como el individualismo, el racismo, el machismo, la xenofobia. Nos incitan incesantemente al consumo, inútil «compensatorio» de las soledades impuestas. Para someternos y explotarnos mejor, nos bombardean con manipulación y enajenantes, cuando no usan directamente bombas como en las guerras imperialistas que implementan contra pueblos enteros, con la finalidad de arrodillarlos a un mayor saqueo de sus recursos.

Bolsonaro es nefasto, sí, pero no está solo; él no es más que la ficha de turno del Capital: la burguesía siempre echa mano de su herramienta fascista para reprimir el descontento social y para incrementar los niveles de explotación contra las y los trabajadores, para incrementar los niveles de saqueo del planeta. El problema de fondo es el sistema socioeconómico.

Es un imperativo vital luchar contra este sistema de explotación, saqueo y barbarie. No es solamente cuestión de «dejar de comer carne», es cuestión de comprender las raíces estructurales, sistémicas, de tanta barbarie, y de dar la lucha en todos los espacios de nuestras vidas, una lucha por elevar los niveles de consciencia relativa a cómo funciona este sistema de clases, una lucha por organizar respuestas colectivas, no solamente individuales, para lograr mayor efectividad… La humanidad y el planeta lo necesitan.

Responder

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.