«Con la Convención de Ginebra en la mano no existe la figura del refugiado climático»

La investigadora Beatriz Felipe comenta la reciente resolución del Comité de Derechos Humanos de la ONU, que abre la posibilidad de entender la crisis del clima como una amenaza para el derecho a la vida.

Comparte

Cuando Nueva Zelanda devolvió a Ioane Teitiota a Kiribati tras denegarle la condición de refugiado, este recurrió ante Naciones Unidas. Nueva Zelanda, afirmaba Teitiota, estaba amenazando su derecho a la vida al devolverlo a un país que se hunde bajo las aguas. Los efectos del cambio climático empeoran las condiciones de vida en Kiribati hasta hacerlas insostenibles, convirtiendo a sus habitantes en migrantes forzosos. Esta semana, la resolución del Comité de Derechos Humanos, ha reconocido que el cambio climático es una amenaza para el derecho a la vida.

Aunque la sentencia no da la razón por completo a Teitiota, que de hecho sigue en Kiribati, las noticias han alcanzado las páginas de medios internacionales. Sin embargo, algunos de los titulares son confusos. ¿Puede alguien que huye de la crisis climática ser considerado un refugiado? ¿Tiene esta sentencia precedentes? ¿Cómo se relaciona el cambio climático con otras personas migrantes?

Para tratar de extraer la importancia real de la decisión hemos hablado con Beatriz Felipe, investigadora en Migraciones Climáticas del Centro de Estudios de Derecho Ambiental de Tarragona (CEDAT).

¿Qué importancia real tiene la resolución de la ONU?

Es una resolución importante, pero solo es una pieza más de todo lo que hay que hacer para proteger a los migrantes climáticos. La clave está en que es un dictamen que reconoce que si los Estados, tanto a nivel nacional como internacional, no actúan para frenar el cambio climático, llegará un momento en el que se podrá considerar que sus impactos constituyen una violación del derecho a la vida. Este dictamen no es vinculante, pero está basado en derechos que sí lo son. Reconocer esto ya es muy importante jurídicamente y sienta un precedente para futuras situaciones.

¿De qué situaciones hablamos?

Pues de situaciones como las del señor Teitiota. De personas migrantes, que se han tenido que ir de su país por impactos del cambio climático como sequías, inundaciones o subida del nivel del mar. Esto está ocurriendo ya en algunas islas del Pacífico o en ciertos Estados africanos. También tenemos que tener en cuenta que la mayoría de las migraciones climáticas ocurren dentro de los Estados.

En el caso de Kiribati, los efectos del cambio climático no son muy difíciles de aislar. ¿Podría extrapolarse este caso a otros en los que la crisis climática esté mucho más entremezclada con otros factores?

Hay que tener en cuenta que el cambio climático nunca es el único factor. Siempre hay otros, como situaciones de pobreza, falta de trabajo, sobrepoblación, mala gestión de los residuos o el agua… Esta misma situación, en la que el cambio climático empeora las condiciones, ya la estamos viendo en otros lugares. Por ejemplo, en Alaska también hay pequeñas comunidades indígenas que se están teniendo que reubicar porque el deshielo está haciendo que el permafrost sobre el que estaban sus edificios esté cada vez más derretido. Aunque, claro, en ese caso la migración es interna, así que la responsabilidad es del propio Estado.

Luego hay situaciones, como las que se pueden dar alrededor del lago Chad, en las que los efectos del clima están demasiado mezclados con otros. Ni siquiera en el caso de Titiota se puede aislar por completo la influencia del clima.

La expresión refugiado climático sigue siendo polémica. ¿Por qué?

Efectivamente, sigue siendo muy controvertido usar esa figura, aunque a los medios de comunicación les encanta. No obstante, jurídicamente es un error porque en la definición de refugiado no están las causas climáticas. Por mucho que se interprete, con la Convención de Ginebra [de 1951] en la mano no existe la figura del refugiado climático.

Sin embargo, parece que la única forma de proteger a estas personas es con la Convención y considerándolos refugiados. En realidad, hay muchas otras opciones. En un caso como el del señor Titiota, de migraciones internacionales en las que el cambio climático está muy presente, se puede llegar a acuerdos regionales que permitan una migración segura y digna. Ya hay algunas iniciativas, aunque como siempre que se habla de migraciones, la política pone muchos obstáculos.

Con este tipo de acuerdos también se cumplirían los objetivos de justicia climática, porque países que son más ricos y que han contribuido más a agravar la crisis climática podrían compensar de alguna forma aceptando a estas personas. Esa no sería la única medida, pero sí sería un aporte.

Como decía antes, la mayoría de estas migraciones son internas. Por eso es también muy importante que los propios Estados establezcan algún tipo de regulación para que se reconozca que estas personas no migran simplemente porque quieren.

¿A España llegan personas que pueden considerarse migrantes climáticos?

Esta es una pregunta complicada, pero yo te diría que sí. Recibimos a muchas personas que, entre sus razones para migrar, está el cambio climático o al menos una degradación ambiental importante. Lo que pasa es que muchas veces estas mismas personas no son conscientes de ese factor, y además es que no se cuenta con datos. Son, sobre todo, personas de África, de países como Nigeria o Senegal. Lo que pasa es que se les considera migrantes económicos y no se les presta casi ningún tipo de ayuda. En realidad, están huyendo de situaciones muy graves, agravadas aún más por el cambio climático. Hay que facilitar la integración de estas personas y que se les ayude en todo lo posible una vez estén aquí.

¿Qué se puede hacer tanto para identificar este problema como para ayudar a estas personas?

Yo creo que hay que entender que con nuestro modelo de vida estamos alterando tanto el clima del planeta que otras personas tienen que irse de sus casas. Es una conexión compleja, pero ser capaces de visibilizar eso ya es un punto. Eso nos tiene que llevar no solo a cambiar nuestro modo de vida, sino también a exigir cambios a nuestros representantes políticos. ¿Cómo vamos a actuar? ¿Qué fondos va a haber? ¿Vamos a seguir financiando un capitalismo verde? Creo que al menos replantearse todas estas cosas ya sería un paso adelante.

España es uno de los países europeos más vulnerables a la crisis del clima. ¿Podemos llegar a ser migrantes climáticos?

Sí, sobre todo a nivel interno. Hay zonas de España muy fuertemente afectadas por la sequía, y esto va a ir a peor. O en las costas: mira las tormentas de estos días.

Seguramente, a corto plazo, no estamos en una situación tan grave como otros países, sobre todo, porque tenemos dinero, tecnología y recursos para hacerle frente. Pero insisto, eso es a corto plazo. Si las consecuencias de la crisis del clima siguen como los científicos y las científicas nos advierten, no lo veo desencaminado.

No veo olas masivas de españoles teniendo que irse a Suecia a vivir, pero sí que veo movimientos internos a medio plazo.

¿Crees que este artículo se podría publicar sin…

la independencia que nos da ser un medio financiado por personas críticas como tú? En lamarea.com no dependemos de anuncios del Ibex35, ni de publirreportajes encubiertos. No es fácil, pero desde 2012 estamos demostrando que es posible.

Lamarea.com está editada por una cooperativa que apuesta por el periodismo de investigación, análisis y cultura. Y que cuenta con una #AgendaPropia. Llevamos años hablando de otro modo de la crisis climática, de feminismo, de memoria histórica, de economía, del auge del neofascismo… Podemos hacerlo porque miles de personas se han suscrito a nuestra revista o avalan nuestros proyectos. Ahora puedes unirte a esta comunidad. Entra aquí

Comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.