Más vuelos, más pasajes… más contaminación

En la actualidad, la industria de la aviación emite unas 895 millones de toneladas de CO2 al año, lo que supone alrededor del 2% del total a nivel global.

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Ryanair, la conocida aerolínea de bajo coste, se convirtió en el pasado mes de marzo en una de las diez empresas que más contribuyen al cambio climático en Europa, según un estudio de la Comisión Europea. Un hecho que cobra mayor relevancia al ser la primera vez que una empresa que no es una planta de carbón entra en esta lista negra. El año pasado, la compañía irlandesa emitió 9,8 millones de toneladas de dióxido de carbono, 3,2 millones de toneladas más que en 2013. Le sigue en la lista es la alemana Lufthansa, aunque de lejos, con 4,4 millones de toneladas de CO2. El tercer puesto lo ocupa la lowcost EasyJet, que generó 3,2 millones de toneladas. Tampoco se libran las españolas. Vueling es la primera del listado: la filial de IAG (International Airlines Group) contribuyó en 2018 al calentamiento global con 2,1 millones de toneladas de CO2, dato que no ha parado de crecer desde 2012, cuando emitió 1,2. Por su parte, Iberia, de la misma matriz que la anterior, generó 0,9, y su lowcost, Iberia Express, 0,3 millones de toneladas.

Otra española que figura es Air Europa, quien viene disminuyendo desde 2013 sus niveles hasta los 0,59 millones de toneladas. Además, en 2018 fue la tercera aerolínea de red más eficiente del mundo en cuanto a las emisiones de CO2 por pasajero, según publicaba en un informe la ONG alemana Atmosfair, en el que también aparece, en el puesto 22, Iberia. En el apartado de vuelos regionales, Air Europa Express ocupó la segunda posición, la primera a nivel europeo, mientras que Iberia Express es la octava.

No obstante, según un ranking elaborado por la Federación Europea de Transporte y Medioambiente (T&E) sobre las empresas que más rápido crecen en la generación de estos gases, la británica Jet2.com está en lo alto, con un incremento del 20% en los últimos 12 meses,

La aviación está lejos de ser sostenible

Ryanair, que el año pasado transportó a 139,2 millones de pasajeros y pasajeras, se autoproclama habitualmente como “la aerolínea más verde de Europa”, a pesar de ser la líder en emisiones de dióxido de carbono, unas cifras que no dejan de crecer. Para luchar contra estos altos niveles de contaminación, la compañía, entre otras acciones, lleva a cabo una que apela directamente a la caridad de sus viajeros. Lo hace en el momento de pagar del billete de avión, ofreciendo la posibilidad de donar alrededor de 1€ para “compensar la huella de carbono”, dinero que posteriormente va destinado a varias organizaciones no gubernamentales.

Un compromiso, el de la aerolínea irlandesa, que contrasta con las declaraciones de su consejero delegado y fundador, Michael O’Leary, quien en 2017, en una entrevista para el programa CountryWide de RTÉ Radio, se refirió al calentamiento global como «una completa y absoluta basura». Y añadió: «No acepto que el cambio climático sea real. No acepto el vínculo entre el consumo de carbono y el cambio climático». Por su parte, Iberia, Vueling y Air Europa aseguran trabajar en la renovación de sus flotas con el objetivo de disminuir los niveles de emisiones de CO2, aunque este objetivo en el mejor de los casos es una reducción del 20%. En un intento de conocer más sobre la política medioambiental, este medio se puso en contacto con ellas sin obtener respuesta alguna.

Clave para un cambio de modelo son las dos grandes constructoras de aviones Boeing y Airbus. Desde Boeing, aseguran a La Marea: “Cada nuevo avión que desarrollamos es, generalmente, un 15-20% más eficiente que los aviones que se reemplazan, lo que reduce proporcionalmente las emisiones de dióxido de carbono”. Estas mejoras lo logran, sostienen, gracias “a una construcción más liviana (como los compuestos de carbono), motores altamente eficientes y mejoras aerodinámicas”. La multinacional estadounidense tiene previsto que, para 2020, entre en servicio su modelo 777X, el cual –afirman– hará reducir en un 20% las emisiones de CO2.

Por su parte, el recién nombrado consejero delegado de Airbus, Guillaume Faury, afirmaba en declaraciones al diario alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ) que se imagina el futuro de la aviación comercial sin emisiones. Y pone fecha: una década para ofrecer vuelos completamente eléctricos a gran escala. Para lograrlo, afirma que están invirtiendo en pequeños prototipos totalmente eléctricos, los City-Airbus y Vahana.

Más allá de las, hoy en día, utópicas palabras del responsable de Airbus, las aerolíneas afrontan el problema medioambiental con un ritmo más pausado y, sobre todo, con un patrón común: querer aumentar cada vez más el volumen de negocio mientras aplican medidas para mejorar su huella de carbono. No obstante, resulta inviable que ambos deseos convivan, por lo menos, con la tecnología y recursos actuales.

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