Foto: Flickr Parlamento Europeo

Si bien los países de la Unión Europea (más Reino Unido) que abordamos en el primer capítulo de esta serie contaban con legislaciones climáticas vigentes, los tratados en esta segunda y última parte aquí tienen, o bien leyes con efecto hasta el pasado 2020 y sustentadas por posteriores estrategias y planes, o meros decretos ambientales ciertamente alejados de los documentos jurídicos que comparamos en el artículo anterior.

Las voluntades de la sociedad civil, las críticas de ciertas asociaciones o las realidades climáticas de estos países son también elementos a tener en cuenta para hacerse una visión conjunta del panorama europeo climático actual. Hay que recordar, con todo, que el hecho de que el grueso de los países que aquí se destacan solo cuenten con planes o estrategias (no con leyes) demuestra que no están vinculados jurídicamente al cumplimiento del objetivo fijado. Dicho de otro modo, si no alcanzan las metas establecidas no hay dispuestas sanciones ni multas por seguir contribuyendo a la destrucción del planeta.

Austria

Sigue un camino similar a otros países de la UE: su ley o mandato legislativo en lo concerniente al clima, dado lo pionero de su aprobación (noviembre de 2011) abarca solo hasta 2020. A diferencia de otros documentos análogos de sus socios europeos, Austria no determinó un porcentaje de reducción de emisiones en su ley. En lugar de ello, fijó unos máximos anuales desde 2013 hasta 2020 a aplicar en seis sectores: gases fluorados, agricultura, edificio, tráfico, energía e industria y gestión de residuos.

De cara a 2020, Austria ha comenzado a desarrollar una estrategia (que, al no ser ley, recordemos que no tiene mandato legislativo) con vistas a 2030 y 2050. Entre sus objetivos destaca, ahora sí, una disminución de las emisiones de gases de efecto invernadero en un 36% con respecto a 2005 (echando cuentas, equivale a una reducción del 25% con respecto a las emisiones registradas en el año 1990), y persigue la llamada neutralidad en emisiones para 2040, además de apostar por la energía renovable al 100% a finales de esta década. Su lema de la estrategia climática es #mission2030.

Dado su actual gobierno de coalición, que reúne al conservador Partido Popular con los Verdes, los miedos del ecofascismo asoman en las voces más desconfiadas. Si bien estos últimos aseguran que con su alianza han impedido el acceso de la extrema derecha al gobierno, otras figuras como Betsy Hartmann, investigadora y autora de libros sobre política global, medio ambiente y feminismo, creen que con las obligadas concesiones de los progresistas a la derecha se creará un caldo de cultivo ideal para nacionalistas con la excusa del clima para políticas antiinmigratorias: «Es extremadamente preocupante», declaró la escritora en un reportaje del medio canadiense National Observer. El Partido de la Libertad (antiguo socio de gobierno del Partido Popular) ha llegado a calificar de «histérica climática» a Greta Thunberg, antes de este oportuno matrimonio de conveniencia.

Bélgica

En Bélgica tiene lugar una de las situaciones más singulares del territorio europeo en lo que a políticas ambientales se refiere. Dada su división administrativa en tres regiones bien diferenciadas (Bruselas capital, la sección valona y la zona flamenca), cada una de ellas se ha fijado objetivos climáticos diferentes.

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