El lugar más árido del planeta está amenazado por culpa de la gran demanda de vehículos eléctricos y teléfonos inteligentes

La extracción de litio para las baterías de nuestros ordenadores, teléfonos y vehículos eléctricos explota gran parte de los escasos recursos hídricos del desierto más árido del planeta y pone en peligro la existencia de comunidades indígenas y fauna autóctona.

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Este artículo refleja los resultados de una investigación de Danwatch, publicada por Climática en exclusiva para España

Poco después de entrar en el desierto de Atacama, las razones por las que la investigación espacial utiliza este territorio chileno para realizar simulaciones de Marte se hacen evidentes. Viendo las inmensas llanuras de arena, piedras y sal de tonos marrones, rojizos y blancos rodeadas de enormes cordilleras y cráteres volcánicos, no es difícil imaginarnos que estamos en otro planeta.

Según Patricio Guzmán, director de cine chileno fascinado por la astronomía, Atacama es “el único punto marrón” del planeta visible desde el espacio: con una media de 15 milímetros de lluvia anuales, este desierto está considerado el lugar más árido de la tierra. El paisaje desértico penetra por la costa del Pacífico hacia el interior del continente y deja pocos rastros que nos recuerden que todavía estamos en el planeta humano: solo quedan algunos vestigios de pueblos mineros fantasma que antiguamente vivían de la extracción de minerales preciados, como el nitrato de potasio. Ahora, sin embargo, se encuentran abandonados entre la arena.

La parte oriental del desierto ofrece más señales de vida. Cerca de los humedales de agua salada anidan especies únicas de flamencos, mientras que algunas cabras pacen por los alrededores de oasis dispersos, en las que viven comunidades indígenas desde hace centenares o miles de años. En este mismo lugar, el ser humano y una nueva demanda global están dejando unas marcas inéditas sobre el paisaje.

Se calcula que bajo el desierto de Atacama y las cuencas salinas adyacentes Chile acumula más de la mitad de las reservas mundiales de litio, un metal ligero esencial para fabricar las baterías de nuestros teléfonos y ordenadores, así como vehículos eléctricos, elementos clave de la transición hacia las energías verdes. A raíz del crecimiento del sector del automóvil eléctrico, se prevé que en 2025 la demanda global de litio habrá aumentado más de tres veces, de forma que un tipo de fiebre del oro blanco se cierne sobre Chile y los países del alrededor.

Pero para extraer el litio de Atacama se tiene que hacer una explotación masiva de los recursos hídricos. Un agua que ha servido para garantizar la supervivencia de pueblos y animales autóctonos durante miles de años en un entorno muy duro. Según la comunidad científica, eso ya está provocando daños irreparables en el frágil ecosistema del territorio más árido del mundo.

Explotaciones de litio en el desierto de Atacama
Explotaciones de litio en el desierto de Atacama. Foto: Pablo Rojas Madariaga / Danwatch

Ya no se puede cultivar la tierra como antes

Los miembros de la comunidad hacen turnos para acceder al agua del río San Pedro. Después de esperarse dos semanas, finalmente Hugo Díaz puede regar sus campos. Este campesino de 58 años vive en Coyo, una de las decenas de comunidades indígenas likanantaí establecidas en los pequeños oasis de Atacama desde hace siglos. Igual que sus antepasados, dirige la corriente por los pequeños canales de un sencillo sistema de riego que se encarga de distribuir el agua entre los campesinos locales. Los padres y los abuelos de Hugo Díaz disponían de suficiente alfalfa y pastos para mantener centenares de reses durante todo el invierno; hoy es impensable.

“Actualmente, hay muy pocos campesinos que puedan ganarse la vida. No tenemos ni el 20 % del agua que nos haría falta”, afirma Díaz, señalando las marcas de la pared del canal que dan fe de los niveles superiores otras épocas.

A pesar de que muchos de los pobladores autóctonos de Atacama reconocen que la crisis climática está agravando la escasez de agua en el desierto, aseguran que el problema empezó a raíz de la extracción de litio y cobre en este territorio. “Antes de la llegada de las empresas mineras, aquí había mucha agua”, afirma Hugo Díaz.

La Arabia saudí del litio

Chile dispone de unas reservas únicas de litio, un metal que cada vez es más importante para el sector energético. Por eso a veces se dice que este país es la Arabia saudí del litio. Durante los últimos 20 años, al menos un 40 % del suministro mundial era de origen chileno y, tal como ha revelado Danwatch, este material se está empleando para fabricar algunos de los aparatos informáticos y coches eléctricos más populares.

El litio chileno se puede extraer a bajo coste: los mineros bombean la salmuera rica en litio que hay en los grandes yacimientos bajo la cuenca salina de Atacama y lo almacenan en unas balsas gigantescas en la superficie desértica. Aquí, el agua de la salmuera se evapora como consecuencia de la radiación solar más intensa del mundo y lo que queda son acumulaciones de litio con otras sales y minerales.

Durante este proceso, no obstante, hasta un 95 % de la salmuera extraída se evapora en el aire, lo que agrava la escasez de agua de Atacama, explica Ingrid Garces, profesora de ingeniería de la Universidad chilena de Antofagasta y estudiosa de las llanuras salinas. “En Chile se considera que la extracción de litio es un tipo de minería convencional, como la explotación de roca dura. Pero no se trata de un sistema normal, sino que es minería hidráulica”, asegura Garces.

Las dos empresas que se dedican a la explotación de litio en Atacama –Sociedad Química y Minera de Chile (SQM) (Chile) y Albemarle (EE. UU.)–, tienen permisos para extraer casi 2.000 litros de salmuera por segundo. Además de la salmuera, la minería de litio también absorbe cantidades considerables de agua dulce, junto con las explotaciones de cobre próximas. “La consecuencia de eso es un impacto sobre la biodiversidad en general. Y los efectos son visibles, puesto que los humedales se están secando”, explica Ingrid Garces.

No se ha hecho caso de la evidencia anecdótica

Después de conducir media hora por encima de una especie de corteza salada que parece infinita, emergen repentinamente los humedales de Tebinquiche, rodeados de herbazales y juncales. Jorge Álvarez Sandón, de 46 años y perteneciente a la comunidad coyo, señala unas grandes manchas blanquecinas que flanquean los márgenes azul marino de la laguna. “Antes, el agua cubría todas aquellas manchas blancas, pero ahora los humedales cada vez son más pequeños. Eran inmensos”.

Hace años que las comunidades indígenas de Atacama denuncian la sequía. Según el Consejo del Pueblo de Atacama –entidad que representa a 18 comunidades¬–, durante la última década los ríos, los humedales y los prados se han reducido. A pesar de eso, la administración chilena ha confiado mayoritariamente en los estudios de impacto ambiental encargados por las empresas mineras. En general, estos informes no han detectado efectos destacables sobre los niveles de agua o la naturaleza de los alrededores. “Para la población local, el cambio es muy evidente: se está dando cuenta de que hay menos agua para el ganado y de que los ríos se están secando. Aun así, las empresas y el Estado no se han tomado seriamente esta evidencia anecdótica”, afirma la bióloga y profesora asociada de la universidad de Antofagasta Cristina Dorador, que estudia la vida microbiana de Atacama.

Una «causa importante de degradación ambiental»

En general, los escasos datos gubernamentales y la carencia de investigación independiente y exhaustiva han dificultado que colectivos ecologistas, científicos concienciados y comunidades locales puedan rebatir los informes de las empresas mineras. Recientemente, sin embargo, se han publicado estudios independientes favorables a sus tesis.

Este año, el equipo de investigación de la Facultad de Sostenibilidad de la Universidad de Arizona (EE. UU.) ha publicado el estudio independiente más exhaustivo que se ha hecho nunca sobre el impacto que generan los yacimientos de litio en Atacama. Según el estudio, basado en registros clave de parámetros medioambientales sobre vegetación, humedad del suelo y temperatura a la superficie, y con imágenes detalladas sobre el periodo 1997-2017 captadas vía satélite, durante los últimos 20 años el medio ambiente de Atacama se ha deteriorado mucho, con un aumento de la sequía y una disminución de la vegetación.

A pesar de que el equipo de investigación afirma que el aumento del turismo y la población también potencian la crisis ambiental, asegura que “las actividades vinculadas a la explotación del litio son una de las causas más importantes de degradación ambiental local” y ha detectado una clara correlación inversa entre la presencia de minas de litio y el grado de humedad de la vegetación y del suelo de Atacama.

El pasado mes de agosto, la empresa SpaceKnow y la publicación científica Engineering & Technology llegaron a conclusiones similares después de haber analizado imágenes captadas desde el espacio. A partir de las fotografías hechas entre 2015 y 2019, detectaron que había una estrecha relación entre los niveles de agua de los depósitos de litio de SQM y los de los humedales circundantes: “A medida que el nivel de agua de las balsas de SQM va aumentando, el de los humedales va disminuyendo”.

Las empresas critican los estudios

Tanto SQM como Albemarle han asegurado a Danwatch que los resultados de los dos estudios contradicen la monitorización continua que ambas empresas hacen en estas zonas. Albemarle critica al equipo de investigación porque solo ha empleado datos indirectos a la hora de plantearse la correlación entre la extracción de salmuera y la degradación ambiental, y no ha tenido en cuenta los datos de campo facilitados por la compañía.

“Disponemos de una amplia red de monitorización que mide los niveles de agua, la química, la evaporación, la cobertura vegetal, los flujos de los canales naturales y, por supuesto, las imágenes de los satélites; y si estos datos se analizan con una visión integral, es evidente que la extracción de salmuera que realizamos no genera ningún impacto negativo sobre los sistemas de los humedales”, según explica la directora de Albemarle en Chile, Ellen Lenny-Pessagno, en un correo electrónico enviado a Danwatch.

En cuanto a esta crítica, Datu Buyung Agusdinata, profesor adjunto de la Facultad de Sostenibilidad de la Universidad de Arizona y uno de los autores del estudio sobre degradación ambiental, argumenta que a pesar de que los datos complementarios podrán servir para mejorar la investigación sobre este tema en el futuro, el informe se basa en un enfoque ampliamente aceptado.

“Respecto a la metodología que aplicamos en este informe, la teledetección es una técnica muy desarrollada y que se aplica ampliamente en estudios de impacto ambiental para detectar cambios en varios paisajes”, explica Datu Buyung Agusdinata a Danwatch.

Desde el medio de una taza

Uno de los puntos más controvertidos es cómo interaccionan los depósitos de agua dulce y de salmuera que hay bajo la cuenca salina y la influencia que esto puede tener sobre la escasez hídrica de la zona. Si bien la elevada salinidad de la salmuera hace que sea inadecuada para el consumo humano, el estudio de la Universidad de Arizona indica que todavía se encuentra en “relación hidrodinámica con el entorno”, lo que quiere decir que la extracción intensiva puede provocar el agotamiento de gran parte de los escasos recursos hídricos de Atacama y “una disminución del acuífero y efectos negativos tanto para su equilibrio hídrico como para sus ecosistemas”.

Según SQM y Albemarle, la explotación de salmuera no afecta a la recarga de agua dulce del territorio. Entre otros factores, citan que las bolsas de salmuera y agua están separadas por una corteza dura de sal y, como tienen densidades diferentes, no se mezclan. Sin embargo, Ingrid Garces argumenta que la costra de sal no puede evitar que los materiales se acaben mezclando. La ingeniera compara la extracción de salmuera con sorber agua desde el margen de una taza. “Aunque alguien extraiga agua del centro de la cuenca salina, esto también afecta al agua de los alrededores”, afirma Garces.

La población aún no tiene agua corriente

El año pasado, el Comité de minería no metálica del gobierno chileno publicó un informe que afirmaba que, entre los años 2000 y 2015, el volumen de agua extraído de Atacama fue un 21 % más que el caudal que había entrado. El comité relacionó el aumento de las extracciones de salmuera con la disminución del nivel de las aguas freáticas. También informó de que, en la parte sur de la cuenca salina de Atacama, los niveles de algunos pozos habían caído aproximadamente un metro durante los últimos diez años. Los registros de los pozos próximos a los yacimientos habían disminuido todavía más.

Mientras que en Peine, la comunidad más próxima a las balsas de extracción, algunos días de verano hay cortes de agua, Albemarle y SQM están autorizadas a extraer casi 2.000 litros de salmuera por segundo.

“La sobreexplotación preocupa mucho a las comunidades porque, a pesar de que todavía hay muchos habitantes que no tienen garantizado el acceso al agua potable, estas empresas bombean mucha salmuera”, afirma Sergio Cubillos, vecino de Peine y expresidente del Consejo de Atacama, que representa a 18 comunidades del territorio.

“Creo que puede haber minería, pero con moderación”, afirma Hugo Díaz, campesino de la comunidad de Coyo. “No como por ejemplo está haciendo SQM, que se dedica a extraer agua sin ningún control por parte del gobierno”, añade.

Los árboles que han hecho saltar las alarmas

Volviendo al desierto, Thomas Vilca avanza por la tierra baldía y se para ante las raíces de un inmenso algarrobo autóctono. Bajo la corteza, mete el pie dentro de la cavidad que se ha formado por la falta de humedad en el suelo arenoso. Este maestro de 55 años de la comunidad indígena tulor señala el tronco del árbol, que no tiene hojas.

“¿Ves aquellas manchas negras que supuran una especie de líquido? Quieren decir que el árbol se está muriendo. Es como si intentara regarse a sí mismo”, explica.

Según las comunidades de Atacama, el algarrobo es una de las especies que cada vez va sucumbiendo más al clima árido. Además de tener un valor cultural y espiritual único para los likanantaí, la mala salud de los árboles también puede enviar una señal de alerta precoz que indica una grave falta de agua. El algarrobo es una especie resistente a la sequía, con unas raíces profundas que le permiten nutrirse de las capas freáticas.

Los algarrobos también protagonizaron un informe elaborado por el gobierno en 2013. Los equipos de inspección comprobaron que SQM no informó a las autoridades de que un tercio de los árboles de sus terrenos se estaban muriendo. La empresa se había comprometido a controlarlo. Según los expedientes mencionados por Reuters, al cabo de dos años la mortalidad había seguido creciendo. No obstante, SQM continuaba sin hacer mucho caso a las señales de alarma.

Una muestra de lo que nos espera

Curiosamente, hace miles de años la cuenca salina de Atacama había sido un lago importante, antes de que los cambios climáticos hicieran que se secara. Ahora, la comunidad científica estudia Atacama para entender lo que puede pasar en otros ecosistemas del planeta a medida que avanza la crisis climática. Aun así, mientras se intenta paliar el calentamiento global con coches eléctricos, las empresas extraen la poca agua que le queda al desierto más árido. “Con estas lluvias tan exiguas, calculábamos que Atacama tardaría unos 100.000 años en secarse del todo. Ahora, sin embargo, las actividades humanas están acelerando este proceso a una velocidad que nunca nos habíamos imaginado”, afirma la microbióloga Cristina Dorador.

Flamencos y microdesastres

Jorge Álvarez Sandón recuerda cuando la laguna estaba llena de flamencos. El desierto fue, hace tiempo, el hogar de la mayor población de flamencos andinos de la región de los Altos Andes. La especie venía a anidar aquí. Había suficientes huevos como para que los Likanantaí recogieran parte y los usaran para negociar con otras comunidades indígenas.

«Pero ahora el nivel del agua está tan bajo que ya no es suficiente para los flamencos», explica Matilde López, bióloga e investigadora de la Facultad de Ciencias Forestales y Conservación de la Naturaleza de la Universidad de Chile.

Flamencos andinos en la laguna. Foto: Pablo Rojas Madariaga / Danwatch

Hace décadas que estudia la fauna de Atacama y ahora está viendo como las minas de litio suponen una amenaza para las poblaciones de flamencos. Si hay menos agua, la salinidad de los lagos aumenta y la cantidad de algas, que es la fuente de alimentación de estas aves, disminuye. “Así se rompe toda la cadena trófica”, explica López.

Del mismo modo, la microbióloga Cristina Dorador teme que Atacama pueda experimentar lo que ella denomina “microdesastre”. Este consistiría en cambios de la vida microbiana única de este desierto que pueden tener grandes consecuencias sobre la flora y la fauna autóctona. “Si el nivel o la salinidad del agua cambia, puede afectar a las comunidades microbianas y, al mismo tiempo, a toda la estructura del ecosistema”, afirma Dorador.

Falta de control

En 2017, el jefe de la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO), la agencia estatal de desarrollo, envió una carta a la autoridad ambiental del país, alertando que SQM suponía “un riesgo importante para la estabilidad” del ecosistema de Atacama y sus reservas salinas.

Reuters reveló la existencia de unos expedientes de la autoridad medioambiental chilena que muestran que Albemarle y SQM están preocupadas por la sobreexplotación de las reservas de salmuera por parte de la competencia. Al mismo tiempo, también emitieron comunicados donde afirmaban que confiaban en las reservas existentes y que el suministro del futuro quedaba garantizado.

El Comité de Minería no Metálica, organismo puesto en marcha por el gobierno de Michelle Bachelet, detectó que el volumen de agua extraído de Atacama era muy superior al que entraba. El comité estaba impulsando una estrategia para que el Estado pudiera controlar de manera independiente los cambios ambientales provocados por la minería en Atacama. No obstante, el año pasado el nuevo gobierno de centro-derecha lo disolvió.

“Los pocos estudios que puedo mencionar son fruto de la tarea hecha por el equipo de investigación del Comité de minería no metálica”, afirma Marcela Hernando, diputada del centrista Partido Radical y antigua gobernadora y alcaldesa de Antofagasta, en Atacama.

La agencia estatal no conoce el informe medioambiental

Igual que el personal científico y las organizaciones ecologistas implicadas, Hernando señala que el organismo estatal que gestiona las aguas – la Dirección General de Aguas (DGA) – tendría que jugar un papel clave en las inspecciones, pero tiene muy poca financiación. “La DGA dispone de poco personal y es muy difícil que haga controles en un desierto inabarcable de miles de kilómetros”, afirma Hernando.

Danwatch se reunió con la DGA en el Ministerio de Fomento, en el centro de Santiago. Según la directora del Departamento de Conservación y Protección de los Recursos Hídricos, Mónica Musalem, los niveles de extracción actuales no suponen un riesgo importante para el medio ambiente, la flora y fauna de Atacama. A pesar de reconocer que algunas inspecciones habían demostrado que en 2016 y en 2017 SQM había superado los límites, y que esto había afectado a los terrenos de alrededor, Musalem destacó que, desde entonces, el organismo medioambiental ha sancionado a la empresa y le ha presentado un plan de medidas que todavía se tiene que evaluar.

“Pero como hablamos de agua con salmuera, que tiene una elevada concentración de sal y no es adecuada para humanos ni para nadie, hemos permitido este desequilibrio hídrico. Estamos intentando evaluar hasta qué punto podemos alterar este equilibrio del sistema hídrico sin que esto afecte al medio ambiente”, explica Musalem. La directora asegura que “según los análisis del proceso de evaluación ambiental este desequilibrio no tendrá efectos negativos para el medio ambiente”.

En cuanto al estudio sobre la degradación ambiental de la Universidad de Arizona, presentado hace ocho meses y mencionado por la mayoría de personal científico entrevistado, Musalem respondió a Danwatch que no lo conocía. Sin embargo, enseguida refutó el análisis de las imágenes aéreas de SpaceKnow y Engineering & Technology, argumentando que el nivel de agua de los humedales iba variando a lo largo de los años y que, por lo tanto, la estructura de los lagos no guarda una relación directa con el agua extraída durante el proceso de explotación de litio.

Reconocimiento del posible impacto ambiental

CORFO (Corporación de Fomento de la Producción, agencia pública de desarrollo del Estado chileno) es la propietaria de las concesiones mineras de la cuenca salina de Atacama y las otorga en régimen de arrendamiento a las empresas explotadoras de litio. Al igual que la DGA, la vicepresidenta de CORFO, Antonia Eyzaguirre Altamirano, reconoce que actualmente se extrae más agua de la que fluye hacia Atacama. Y ese desequilibrio hídrico causado por la extracción humana puede «tener efectos en los niveles de agua subterránea de diversos sectores de la cuenca e impacto en la cubierta vegetal de la superficie», escribe Eyzaguirre Altamirano en un correo electrónico.

En este sentido, CORFO argumenta que actualmente está desarrollando un modelo de investigación que debería ser capaz de simular varios escenarios bajo las cuotas de extracción actuales. Cuando esté finalizado, será compartido con las autoridades ambientales pertinentes, así como con la DGA. Asimismo, la corporación está implementando un sistema de monitoreo en línea de agua y variables bióticas para detectar la caída del nivel del agua alrededor de los pozos circundantes, afirma Eyzaguirre Altamirano. Por ahora, CORFO no cree que los derechos actuales de extracción deban limitarse.

Sobreexplotación por culpa de una nueva manera de interpretar la normativa

La responsable chilena de Albemarle, Ellen Lenny-Pessagno, destaca que la empresa, mediante una tecnología innovadora y un plan de alerta precoz, es capaz de detectar los impactos sobre el medio ambiente y reducir el bombeo de salmuera si los niveles analizados bajan de un umbral determinado. Por otro lado, subraya que Albemarle solo usa una pequeña parte de los derechos adquiridos sobre el agua dulce en comparación con SQM y otras empresas próximas, como las que se dedican a la explotación del cobre, y que solo tiene permiso para bombear hasta 442 litros por segundo de salmuera, mientras que para SQM el máximo es de 1.500 litros.

“La llanura salina de Atacama requiere una acción conjunta por parte de todas las empresas implicadas. En esta cuenca no solo está SQM, también hay minas de cobre que extraen agua y proyectos para ampliar las explotaciones que todavía se tienen que evaluar, lo que podría afectar a la recarga de la cuenca salina”, explica Ellen Lenny-Pessagno en un correo electrónico enviado a Danwatch.

En cuanto a SQM, el vicepresidente del área de medio ambiente, Alejandro Bucher, admite que la empresa sobrepasó el límite de salmuera en 2016, a pesar de que afirma que fue culpa de la autoridad medioambiental, puesto que había cambiado la interpretación de la normativa de extracción. Desde entonces, SQM ha presentado varias propuestas para reducir las extracciones y, finalmente, la administración le ha aprobado un plan que se tiene que ejecutar este año.

“Esta autorización se obtuvo como consecuencia de un exhaustivo proceso de evaluación ambiental aprobado por el organismo con el objetivo de garantizar la extracción de salmuera por parte del proyecto y que esta se lleve a cabo sin generar impactos sobre zonas sensibles de interés ambiental y las comunidades próximas”, explica Alejandro Bucher.

Información sobre la investigación:

Danwatch se desplazó en Chile para analizar la pujante industria de extracción de litio del país. Durante el proceso de investigación se entrevistó con personal científico, empresas y 12 miembros de las comunidades afectadas.

A pesar de que se han analizado estudios de impacto de empresas y algunos informes independientes que se han publicado sobre el tema, este informe se basa sobre todo en una investigación de la Facultad de Sostenibilidad de la Universidad de Arizona (EE. UU.) del año 2019. Este informe tiene el apoyo del proyecto Make ICT Fair, financiado por la UE, y se ha publicado conjuntamente con SETEM Catalunya.

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