Hambruna en Madagascar por la crisis climática

El sur del país insular experimenta su peor sequía en 40 años, con más de 1 millón de personas en situación de inseguridad alimentaria. En la ciudad de Amboasary se estima que 14.000 están al borde de la hambruna, y para finales de año podrían ser el doble.

El cambio climático es un multiplicador y potenciador feroz de desastres naturales y eventos extremos que dan como resultado mayores condiciones de hambre, pobreza, conflictos, migraciones y muerte. Lo avisaba hace unas semanas el panel de especialistas en cambio climático de la ONU en su último informe: ningún rincón del planeta está a salvo de la crisis climática. Y bien lo sabe Madagascar, que se enfrenta a una situación de hambruna extrema, no por conflictos armados o por la situación política y social como suele ser habitual, sino como consecuencia del calentamiento global de la atmósfera.

Madagascar es un país insular situado en la costa sureste de África. Alrededor del 62% de su población es rural y depende principalmente de la agricultura para subsistir. A diferencia del norte y centro de la nación, que se caracterizan por un clima más tropical, el sur es seco y árido; y cada vez más. Actualmente sufre la peor sequía en las últimas cuatro décadas (combinada con la subida de los precios de los alimentos, las tormentas de arena y las plagas que afectan a los cultivos básicos) y más de 1 millón de personas están en situación de inseguridad alimentaria, según el Programa Mundial de Alimentos (PMA). En Amboasary, uno de los distritos más al sur, se estima que 14.000 de los 200.000 habitantes ya se encuentran en la Fase 5 -el nivel más alto- de la Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria (CIF), es decir, en condiciones de hambruna. Para octubre, con la llegada de la época del año en la que se agotan las reservas de alimentos, se espera que la crisis empeore drásticamente, y calculan que serán cerca de 30.000 las personas que se enfrenten a niveles sin precedentes de inseguridad alimentaria y desnutrición.

«Las familias han estado viviendo de frutos rojos de cactus, hojas silvestres y langostas durante meses. No podemos dar la espalda a las personas que viven aquí, mientras la sequía pone en peligro miles de vidas inocentes. Ahora es el momento de actuar y seguir apoyando al gobierno malgache para contener los efectos del cambio climático y salvar vidas», manifestaba el pasado junio David Beasley, director Ejecutivo del Programa Mundial de Alimentos de la ONU.

También debido a la sequía se prevé que al menos medio millón de niños y niñas menores de cinco años del sur de Madagascar padezcan desnutrición aguda, incluidos 110.000 en estado grave, provocando «daños irreversibles en su crecimiento y desarrollo», alertan desde la agencia de la ONU. «Es probable que el número de niños con desnutrición aguda se cuadruplique desde la evaluación anterior realizada en octubre de 2020», señalaban recientemente UNICEF y el PMA.

El cambio climático hace que las sequías sean cada vez más severas, y a medida que vaya aumentando la temperatura global irá a peor. Si no llueve, no hay cosechas, y si no hay cosechas, las familias que dependen de ellas no pueden comer y, en resumen, sobrevivir. Además, las sequías pueden provocar un aumento de la deforestación a medida que los agricultores amplían las zonas de cultivo para compensar la reducción del rendimiento de las cosechas.

Aun así, las sequías no son el único problema derivado del cambio climático al que se enfrenta el país insular. En el sureste y este, los cambios en los patrones e intensidad de las lluvias han sido un problema mayor que las propias sequías: «Las lluvias intensas, incluidas las asociadas a los ciclones, intensifican el agotamiento de los nutrientes del suelo (incluidos el nitrógeno, el fósforo y el potasio) asociado a la agricultura de tala y quema, especialmente si los agricultores no utilizan cultivos de cobertura», apunta un análisis científico reciente. Además, el documento insiste en que «el cambio climático supone una amenaza creciente para la consecución de los objetivos de desarrollo, pero no siempre se tiene en cuenta sistemáticamente en los planes de desarrollo y en el diseño de los proyectos».

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  1. FLOTAS PESQUERAS INDUSTRIALES. QUITEN SUS SUCIAS REDES DE PESCA DE ARRASTRE DE NUESTROS OCEANOS.
    OCEANOS libres de las flotas industriales que practican la pesca de arrastre.
    Las flotas industriales usan redes de pesca gigantes para barrer el fondo marino, destruyéndolo todo a su paso, incluso las zonas marinas protegidas. Ahora mismo, nadie en la UE les está parando los pies.
    La pesca de arrastre arrasa con todo el fondo marino a su paso. Aunque las pesqueras usan estas redes gigantes para atrapar gambas, pulpos y otros peces, hasta la mitad de las capturas se descartan y devuelven al mar sin vida o moribundas. Esta práctica tiene consecuencias a largo plazo: el fondo marino puede tardar más de seis años en recuperarse.
    El conjunto de representantes del Parlamento Europeo votó a favor de la prohibición de las redes de pesca gigantes en zonas protegidas. Sin embargo, todavía nos queda convencer al comisario europeo de Medio Ambiente, Océanos y Pesca Virginijus Sinkevičiusantes de que intervenga en la mayor conferencia sobre la conservación del medio.
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