Crisis climática, cambios en el régimen natural de incendios y abandono rural: el cóctel explosivo en el incendio de Sierra Bermeja (Málaga)

La era de los incendios que no se pueden apagar ya está aquí. Especialistas insisten en que hay que aprender a convivir con ellos y prepararse para minimizar daños.

Tres son los elementos claves que ayudan a entender el actual incendio forestal que afecta desde el pasado miércoles a Sierra Bermeja, en Málaga: el cambio en el régimen natural de los incendios, el abandono del medio rural y el cambio climático. La mezcla de todos ellos ha provocado la muerte de un bombero forestal, más de 3.000 desalojos y más de 6.000 hectáreas calcinadas por el momento.

Este brutal incendio forestal recibe la calificación de incendio de sexta generación. Esto quiere decir que es capaz de generar su propia meteorología en forma de pirocúmulos –unas nubes blancas en forma de seta provocadas por la fuerte convección del fuego y que actúan como chimeneas–.

¿Un hecho histórico?

«Sí, es un incendio histórico», responde tajante Ignacio Villaverdebombero forestal de la Junta de Castilla y León que sigue muy de cerca la preocupante situación a la que se enfrentan sus compañeros de Andalucía. Y añade: «También lo fue el de Navalcruz [que quemó en torno a 22.000 hectáreas]». Aunque puntualiza: «Hay precedentes mucho peores, como el de Pedrógão Grande en Portugal o el de la comarca de las Cinco Villas en Aragón».

Estos riesgos –según especialistas, los pirocúmulos retroalimentan los incendios haciendo imposible su extinción y esperando a la lluvia como única solución– se habían producido en España «de forma anecdótica», explica Víctor Resco de Dios, profesor de Incendios Forestales y Cambio Global en la Univesitat de Lleida, pero sin «un comportamiento tan virulento como el que estamos viendo ahora». «Se trata de incendios relacionados con el cambio climático, que hace que la vegetación esté muy seca y llueva menos», señala este experto.

Incendio de sexta generación

En la Península, el mayor precedente en cuanto a un incendio de sexta generación –el concepto de «generaciones» hace referencia a cómo ha evolucionado el comportamiento de los incendios desde que hay registros, en la década de los 60– es el fuego que dejó más de 60 personas muertas, decenas de heridas y medio millón de hectáreas calcinadas en Pedrógão Grande en 2017. «Fue tan catastrófico porque el pirocúmulo se transformó en pirocúmulo-nimbo, es decir, que se desplomó y la columna convectiva cayó encima del incendio, aplastándolo. Eso hizo que saliera disparado en todas las direcciones», continúa Resco de Dios, para quien «ese es el miedo que hay ahora en Sierra Bermeja». Es el motivo que lleva a los dispositivos que trabajan en el fuego a abandonar la zona por la noche –cuando baja la temperatura y sube la humedad–: «Ya no solo no pueden apagar el fuego, sino que se están jugando la vida», advierte el profesor, que recuerda que este verano ya van varios incendios de sexta generación importantes. Ese el caso del de Santa Coloma de Queralt (Tarragona) y el de Navalacruz (Ávila).

Este domingo, el director del Centro Operativo Regional (COR) del Plan INFOCA, Juan Sánchez, reconoció estar «frente al incendio más complejo conocido por los servicios de extinción forestales en los últimos tiempos en España». «Llevamos mucho tiempo hablando de la complejidad que nos está suponiendo el abandono del medio rural, el cambio climático y alguna otra cuestión, y hoy la estamos viviendo en primera persona«, dijo en declaraciones a los medios de comunicación.

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COMENTARIOS

  1. Ahí, ahí, más que cortar los árboles, que esa «solución» ya la dió el asno presidente Bush, lo que se debe hacer es desbrozar los bosques, tenerlos limpios de ramas y troncos secos y de maleza. Algunas Comunidades del estado español nos dan un buen ejemplo de ello mientras que en otras impera la desidia y la dejadez. Mucho tienen que ver las mentalidades de las gentes de unas y de otras Comunidades.
    Se trata de cuidar a la Madre Naturaleza, ¿no? pues además de proporcionar miles de puestos de trabajo, ¿que otro trabajo más útil hay que ése?; pero en los últimos años no han parado de recortar los presupuestos del Seprona, de los agentes y guardas forestales, y así no, señores.
    LOS INCENDIOS FORESTALES SE APAGAN EN INVIERNO, advierten Asoc. ecologistas y ponen de manifiesto la necesidad de la prevención, la gestión integral de los bosques y la prioritaria recuperación de los espacios agrícolas.

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