Cinco iniciativas que todo Gobierno debe llevar a cabo de manera inmediata para hacer frente a la crisis climática

«Si los gobiernos se toman en serio acabar con el cambio climático, se necesitarán políticas radicales que correspondan a objetivos radicales».

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Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Se republica aquí como parte de la alianza de Climática con Covering Climate Now, una colaboración global de más de 300 medios para impulsar la cobertura sobre clima.

Traducción de Jadiya Ali Mohamed

Si los objetivos fueran suficientes para superar la crisis climática, tendríamos motivos para celebrarlo. Reino Unido, Noruega, Suecia y Francia han incorporado un objetivo de cero emisiones netas en su legislación, y otros 15 países están considerando una legislación similar o tener objetivos no vinculantes. Cientos de ciudades, regiones y compañías individuales han hecho promesas similares.

Las discusiones varían sobre si estos objetivos son lo suficientemente buenos. Una lectura detallada de los informes del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) sugiere que los países desarrollados han de alcanzar cero emisiones netas dentro de 10 a 15 años con el fin de dar algún margen a los países en desarrollo. Eso sería mucho antes de la fecha acordada por la mayoría de los países.

No obstante, esta polémica oculta una verdad más fundamental: los objetivos son, por definición, nada más que una declaración de intenciones. Por sí mismos, no eliminan una sola molécula de dióxido de carbono de la atmósfera.

De hecho, existen evidencias que sugieren que esos objetivos podrían ser incluso contraproducentes. Hace una década, Reino Unido fue el primero del mundo en introducir objetivos vinculantes de carbono; sin embrago, en los últimos años, los gobiernos han desmantelado o reducido muchas políticas sobre el clima. Asesores gubernamentales independientes de la Comisión sobre el Cambio Climático advirtieron repetidas veces que Reino Unido dista mucho de cumplir los compromisos futuros.

Sin embargo, cada vez que se pregunta a los ministros de gobiernos sobre la política climática, su respuesta indigna. «Por supuesto, estamos decididos a acabar con el cambio climático», afirman, «porque tenemos objetivos muy ambiciosos». Por esta lógica, se podría aprobar cualquier política –incluso si mueve las emisiones en la dirección equivocada. Según el grupo de expertos independientes del Institute for Government, los objetivos pueden ser «una forma de bajo coste para que el gobierno aparente una acción vigorosa».

Si los gobiernos se toman en serio acabar con el cambio climático, se necesitarán políticas radicales que correspondan a objetivos radicales. Aquí se enumeran cinco medidas con impactos inmediatos que les situarían en el buen camino.

1. Una tarea para todos los departamentos

La responsabilidad de la acción climática no se ha de asignar a un único ministerio. Deberá encomendarse al Gabinete del presidente o a Hacienda (y oficinas equivalentes en todo el mundo) la tarea de coordinar la acción climática en todas las áreas de gobierno, exigiendo que cada ministro demuestre un progreso. 

Actualmente, el Ministerio de Transporte de Reino Unido, por ejemplo, es capaz de asumir que los incrementos en las emisiones de transporte se compensarán por reducciones en otras partes en la economía. Con este configuración propuesta, se hará necesario que demuestre cómo contribuirán sus políticas en la reducción de emisiones.

2. Poner al público en primer plano

El segundo es implicar e involucrar a las personas en la transición hacia la eliminación de las emisiones de carbono. Mi investigación muestra que los políticos han intentado imponer políticas climáticas furtivas, distando mucho de un debate abierto y asumiendo que los expertos cuentan con un mejor conocimiento. Esto es profundamente antidemocrático, además de que podría resultar contraproducente. 

La acción climática se ha de ver como una negociación constante entre ciudadanía y Estado –un contrato social. Una investigación muestra que las personas están dispuestas a llevar a cabo cambios en su vida si ven esto como parte de un esfuerzo nacional más amplio para reducir las emisiones.

Un mayor uso de formas participativas de políticas, tales como las asambleas de ciudadanos, podría ayudar a desarrollar estrategias climáticas que involucran, y no ignoran, a la población. Asimismo, necesitamos trabajar de manera conjunta con las comunidades que, de lo contrario, saldrían perdiendo con la acción climática, tales como los mineros de carbón y los trabajadores petroleros, para darles una “transición justa” desde el carbón. Esto significaría un apoyo integral, no solo una vaga promesa de empleos verdes.

3. Políticas simbólicas

Tercero, y relacionado, los gobiernos han de implementar lo que la experta de opinión pública Debrah Mattison denomina como “políticas simbólicas”. Estas son políticas con impactos tangibles que también elevan el perfil político de la acción climática. Impulsan a la ciudadanía y transmiten a las empresas un mensaje claro sobre el clima de inversión que se espera en el futuro, catalizando un cambio radical en lugar de gradual.

El derecho de generar y vender energía renovable en casa o en la comunidad podría ser una de dichas políticas. Una prohibición de anuncio de los coches de gasolina y diesel, que numerosos países están eliminando de cualquier forma, sería otra. Una garantía de trabajos verdes, como propone Green New Deal de EE. UU., también llamaría la atención. Por último, con un mensaje especial, los permisos personales y comerciales de carbono podrían ser altamente eficaces en la reducción de emisiones y sorprendentemente populares.

4. Déjalo en la tierra

Cuarto, una estrategia para la emergencia climática ha de contraer compromisos explícitos y tangibles hacia la transición de los combustibles fósiles. Es evidente que el compromiso global de limitar el calentamiento en 1,5 ºC requiere que mantengamos intactas las reservas de combustibles fósiles más conocidas. El eslogan activista amigable con la pancarta “Déjalo en la tierra” es una representación precisa de las mejores evidencias científicas.

Hasta ahora, la mayoría de las estrategias han mantenido el silencio en este punto. Reino Unido y Noruega se elogian por los objetivos de cero emisiones, a pesar de que ambos países tiene planes para continuar con la extracción de petróleo y gas. Los gobiernos deben imponer una moratoria sobre la exploración de combustibles fósiles, acabar con los 300 mil millones en incentivos fiscales que conceden de forma anual a las industrias de combustibles fósiles, así como utilizar el dinero adicional para ayudar a los trabajadores e industrias en la transición hacia una revolución de energía limpia.  

5. Ahórrate la captura de carbono

Por último, cualquier estrategia nacional ha de separar la contribución de las tecnologías de emisiones negativas de los objetivos de cero emisiones netas. La teoría es que las emisiones de carbono que son inevitables han de compensarse con estas tecnologías.  

Sin embargo, como muestra una investigación mía y de mis compañeros de la Universidad de Lancaster, basarse en estas tecnologías –cuya viabilidad no se conoce aún- distrae los recursos de la reducción de la cantidad de carbono que emitimos. La creación de distintos objetivos y fondos para la captura de carbono respaldará el sector del que realmente espera eliminar de la atmósfera, y las promesas más amplias e infundadas, que limita la ambición por una acción climática.

Nunca estaría en contra del establecimiento de los objetivos climáticos. Son necesarios –pero están lejos de ser suficientes. Debemos protegernos contra los políticos que se refugian detrás de promesas distantes y, posiblemente, vacías, y exigir una política climática que impacte en la cuestión del carbono aquí y ahora. 

¿Crees que este artículo se podría publicar sin…

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