Así financian la desinformación las tabacaleras y petroleras

Una investigación del MIT reveló que las industrias del tabaco y los combustibles fósiles financian los mismos think tanks ultraliberales para atacar al consenso científico

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La historia de las empresas de combustibles fósiles está llena de ejemplos en los que han adoptado estrategias de relaciones públicas procedentes de la industria del tabaco. Sin embargo, un análisis revela que la relación entre las dos industrias va mucho más allá — incluso financian a las mismas organizaciones para que les hagan el trabajo sucio.

David Hsu, profesor asociado del Instituto de Tecnología de Massachussets (MIT), analizó las organizaciones en la base de datos de desinformación de DeSmog y la base de datos sobre tabaco del diario The Guardian e identificó a 35 think tanks con base en los Estados Unidos, el Reino Unido, Australia y Nueva Zelanda que promueven tanto los intereses de la industria del tabaco como la de los combustibles fósiles.

De estas organizaciones, DeSmog reveló que 32 han recibido donaciones directas de la industria del tabaco, 29 las han obtenido de la industria de los combustibles fósiles, y 28 las han recibido de ambas. Hay dos redes principales, una centrada en los hermanos Koch y la otra en Atlas Network, involucradas en la financiación de muchos de estos think tanks.

Al explorar la base de datos de The Guardian, Hsu se percató de que muchos de los nombres de las organizaciones que se oponían a la regulación del tabaco eran las mismas que “las que se dedican a fomentar el negacionismo climático”.

“Este es un movimiento financiado”, afirmó. “Las estrategias usadas en el debate del tabaco son, definitivamente, estrategias que se usan también en el debate climático”.

Complejo Industrial Anticientífico

Existe una red cada vez mayor de organizaciones que se autodenominan “de libre mercado” que crean informes, aparecen en los medios y diseminan información que la industria después usará para presionar a los políticos. El análisis muestra que muchas de estas organizaciones aceptan donaciones de las industrias sobre las que investigan e informan.

Como reveló una reciente investigación para The Guardian, realizada por Jessica Glenza con la colaboración de Sharon Kelly, estas organizaciones proporcionan “una voz potente para que los fabricantes de cigarrillos la usen en su lucha contra regulaciones más restrictivas”. Y como ya mostró DeSmog, las mismas organizaciones llevan mucho tiempo promoviendo el negacionismo de la ciencia del cambio climático para desanimar a los legisladores y que no implementen regulaciones que limiten las emisiones de carbono.

Según Hsu, la procedencia del dinero que reciben estos think tanks para realizar sus actividades tiene importancia: “Hay gran cantidad de investigación de calidad que muestra que independientemente de lo que uno piense sobre cómo el dinero afecta a sus actividades, quien recibe grandes donaciones responde a los intereses de sus donantes”.

“La industria de los combustibles fósiles y la del tabaco están financiando campañas de desinformación para que las sociedades y los países no puedan tomar acciones que, en general, beneficiarían a todo el mundo excepto a las industria de los combustibles fósiles y el tabaco”, añadió.

“Este es un hallazgo interesante, pero no inesperado”, declaró a DeSmog Robert Brulle, profesor de sociología de la Universidad de Drexel.

“Varios think tanks de corte conservador participaron en las primeras etapas del desarrollo y diseminación de la desinformación sobre la relación entre el tabaco y la salud. Las técnicas que usaron para diseminar dudas sobre los hallazgos científicos se desarrollaron en la campaña del tabaco,” afirmó Brulle, explicando además que “cuando apareció el asunto del cambio climático, esos think tanks conservadores estaban bien equipados y eran capaces de aplicar esas habilidades para impulsar una nueva campaña contra la regulación”.

De marginales y aislados a mainstream y transatlánticos

Los think tanks respondieron a preguntas de The Guardian, afirmando que son “totalmente independientes, no influídos por ninguna donación, y que apoyan posiciones en favor de las empresas, y la retirada de regulación e impuestos como parte de una filosofía de mercado libre más amplia”.

Sin embargo, estas organizaciones ven sus voces y su influencia amplificadas por la inestabilidad política a ambos lados del Atlántico, haciendo que ideas que antes eran marginales entren en la narrativa dominante.

La elección de Donald Trump en Estados Unidos supuso el nombramiento de varios oficiales con relación con estas organizaciones de libre mercado. Han sido situados en puestos de poder que les permiten dar forma a las políticas federales de energía y clima.

Entre ellos están dos exempleados de ALEC (Consejo Legislativo Americano de Intercambio), que ha sido descrito como una “fábrica de proposiciones de ley corporativas” por un exmiembro. Uno de ellos es Daniel Simmons, quien ahora dirige la Oficina de Eficiencia Energética y Energías Renovables del Departamento de Energía de Estados Unidos, una oficina que ALEC presionó para eliminar. Simmons también trabajó en el Centro Mercatus, que ha aceptado donaciones tanto de tabacaleras como de empresas de combustibles fósiles.

El otro es Todd Wynn, quien empezó trabajando para el Cascade Policy Institute (financiado por la industria del tabaco) y después pasó a dirigir el equipo de Energía, Medio Ambiente y Agricultura de ALEC. Hoy es el director de la Oficina de Asuntos Intergubernamentales y Exteriores del Departamento de Interior de los Estados Unidos. El Departamento de Interior tiene competencia para permitir la extracción de combustibles fósiles de los enormes terrenos federales del país norteamericano.

Y aún hay más. El primer elegido por Trump para encabezar la Agencia de Protección Medioambiental (EPA), Scott Pruitt, presidió un Equipo de Justicia Civil para ALEC. Y Myron Ebell, que lideró el grupo que dirigió la transición de la EPA, es analista en el Competitive Enterprise Institute (CEI), una organización que ha recibido dinero tanto de los combustibles fósiles como de la industria tabacalera.

El fenómeno no se limita a Estados Unidos. Al mismo tiempo que los políticos británicos buscan desesperadamente expertos que les den información sobre el Brexit, el perfil (y los ingresos) de organizaciones como el Instituto de Asuntos Económicos (IEA), el Instituto Adam Smith (ASI) y la Alianza de Contribuyentes también han crecido.

Estas organizaciones fueron acusadas en julio del año pasado de coordinar una campaña de mensajes apoyando un Brexit duro, como parte de una red británica de organizaciones con oficinas en el 55 de la calle Tufton, en Londres.

Las tres organizaciones aceptaron donaciones de empresas tabacaleras al mismo tiempo que realizaban lobby a favor de normativas favorables a la industria. El IEA y el ASI, además, han aceptado dinero de la industria de los combustibles fósiles.

¿El que paga manda?

Las pruebas sugieren que la investigación que procede de la red financiada por las tabacaleras y las empresas de los combustibles fósiles no es del todo imparcial. El año pasado, una investigación de Unearthed (el equipo de investigación de Greenpeace) indicó que el IEA estaría dispuesto a aceptar que alguno de los aspectos de su trabajo fuera dirigido por sus financiadores, ofreciendo contactos con ministros británicos a cambio de donaciones. El IEA niega las acusaciones.

El IEA también fue señalado por la Comisión de ONGs del Reino Unido por transgredir las normas de imparcialidad que existen en el país para evitar que las orgnizaciones sin ánimo de lucro se dediquen a actividades de lobby político.

Hans Gutbrod, Coordinador de Transparify (una ONG que evalúa a think tanks en función de la transparencia de su financiación), indica que esta no es una cuestión que pueda analizarse “en el eje de izquierda-derecha”. Sin embargo, Gutbrod afirma que las organizaciones que abogan por la liberalización de la economía han sido capturadas por empresas privadas. En declaraciones a DeSmog, afirmó: “Los padres del pensamiento liberal advirtieron en numerosas ocasiones de los riesgos de que intereses privados intentasen capturar a legisladores y reguladores. Y, aun así, ese tipo de capitalismo clientelista es exactamente lo que vemos con ciertos think tanks que supuestamente defienden el libre mercado”. “En lugar de investigar políticas, lo que hacen son tareas de lobby, que apenas disimulan, en favor de un puñado de empresas”, añadió Gutbrod.

El IEA negó con firmeza que sus fuentes de financiación tengan un impacto sobre el trabajo que realizan. Un portavoz declaró a DeSmog: “La producción editorial y política del Instituto, tanto en nuestros informes como en nuestros materiales educativos, la deciden solo su equipo de investigación y el Consejo Consultivo Académico. Ninguna financiación de la que recibimos influye, bajo ninguna circunstancia, el enfoque o las conclusiones de nuestra investigación”. “Como think thank liberal, no es ninguna sorpresa que hayamos publicado investigación que abogue por la liberalización. Pero el IEA no asume una línea empresarial para sus políticas: en el pasado hemos publicado investigaciones que defienden la liberalización de diferentes sectores y mercados, desde los servicios financieros a la vivienda o los cuidados infantiles”.

Por la liberalización post-Brexit

En conjunto, muchas de las organizaciones que reciben donaciones de las industrias del tabaco y los combustibles fósiles están involucradas en un movimiento transatlántico por la liberalización cuando se produzca el Brexit.

For ejemplo, Shanker Singham, que formó parte de la lista de expertos del Instituto Heartland, es una de las figuras clave que abogan por este tipo de políticas una vez el Reino Unido abandone la UE sin acuerdo. El Instituto Heartland ha recibido donaciones tanto de empresas tabacaleras como de combustibles fósiles.

Singham tuvo un nivel de acceso sin precedentes al gobierno británico durante las primeras etapas de las negociaciones del Brexit, y fue el autor principal del informe ‘Plan A+’ del IEA, que estableció su visión por un “Brexit alternativo”. El IEA también fue una de las organizaciones que participó en un plan radical alternativo para el establecimiento de un tratado comercial post-Brexit entre el Reino Unido y los Estados Unidos, junto con el Instituto Cato, otra organización que ha aceptado donaciones tanto de la industria del tabaco como de los combustibles fósiles.

El informe acusa a la UE de cargar al Reino Unido con regulaciones que “afectan al crecimiento” y señala las normas de protección medioambiental como una de las áreas en las que la regulación comunitaria “avanza en una dirección anti-competitiva”.

Mientras tanto, la Fundación Heritage, con base en Washington DC, ha recibido a varios políticos británicos, incluyendo al Secretario de Comercio Internacional Liam Fox, el ex Secretario de Medio Ambiente Owen Paterson, y el líder del Partido del Brexit y anterior dirigente de UKIP Nigel Farage. La Fundación Heritage también ha recibido dinero tanto de la industria del tabaco como de la de los combustibles fósiles.

Relación con la red Atlas Network

Todas estas organizaciones se identifican como think tanks pro-libre mercado, y están coordinadas (hasta cierto punto) a través de Atlas Network. Atlas es un grupo, con base en Washington DC, que trabaja con más de 450 organizaciones de todo el mundo, conectándolas con “las ideas y recursos necesarios para avanzar en la causa de la libertad”, según su propia página web. Fue fundada en 1981 por Antony Fisher con el objetivo de ofrecer “perspctivas innovadoras y de mercado a asuntos de política pública”. Fisher también fundó el IEA.

El diario The Guardian reveló que más de una quinta parte de las organizaciones que forman parte de la red “presentaban algún tipo de argumentación contra el control [de la industria del tabaco], aceptaron donaciones de la industria, o ambas cosas”. De esas organizaciones, DeSmog ha identificado a 28 que también aceptaron donaciones de la industria de los combustibles fósiles.

La propia Atlas ha recibido considerable apoyo de las dos industrias. The Guardian también informó de que Atlas recibió donaciones de British American Tobacco en 2015 y 2016, así como de Japan Tobacco International en 2016. Según PR Watch, el gigante del tabaco Philip Morris aportó más de 475.000 dólares a Atlas tan solo en 1995. Entre las donaciones que Atlas ha recibido de la industria de los combustibles fósiles, según ExxonSecrets, ExxonMobil ha donado un total de 1.082.500 dólares a la red desde 1998.

Al contactar con Atlas para obtener su punto de vista para este artículo, un portavoz de la organización dirigió a DeSmog a una sección de preguntas frecuentes para periodistas. El documento afirma que la posición de la red “en cuanto a transparencia de donaciones se guía por el Servicio de Impuestos Internos de Estados Unidos y las directrices que este proporciona, los cuales seguimos fielmente y sin excepción”. “Cualquier información que afirme o implique que Atlas Network es opaca u opera de cualquier manera que no se ajuste con total fidelidad a los requerimientos legales para las organizaciones sin ánimo de lucro como la nuestra es evidentemente falsa e indefendible,” afirma el documento.

Atlas afirma operar en 90 países. Allí donde va hay organizaciones organizadas contra el consenso científico, siempre que ese consenso debilite los argumentos de la liberalización de la industria.

En el Reino Unido, según informó DeSmog, Atlas está en el centro de una red de organizaciones que ejercen presión en pos de un Brexit duro. Atlas multiplicó por cinco su gasto en Europa entre 2015 y 2016 (el año del referéndum del Brexil), pasando de 340.000 dólares en 2015 a 1,7 millones al año siguiente.

La siempre presente influencia de los hermanos Koch

En el trasfondo de todo esto están los hermanos Koch. Koch Industries es la mayor empresa energética de carácter privado (que no cotiza en bolsa) de Estados Unidos. Copropietarios de un enorme imperio petroquímico e industrial, los los multimillonarios hermanos Charles y David Koch son importantes financiadores de organizaciones políticas de libre mercado tanto en los Estados Unidos como en otros países. De las 28 organizaciones que aceptaron dinero de las industrias del tabaco y los combustibles fósiles, 23 también recibieron donaciones de los Koch.

Atlas aceptó donaciones de los Koch por un total de 101.658 dólares en 2016, lo que significó un aumento desde los 82.426 dólares de 2015. De acuerdo con los datos obtenidos por Greenpeace Estados Unidos, Atlas recibió un total combinado de 348.560 dólares en donaciones de fundaciones ligadas a los Koch entre 1998 y 2015.

Los Koch también son importantes donantes del Instituto Cato, la Fundación Heritage, el Instituto Heartland, el Competitive Enterprise Institute, y ALEC. Todas estas son organizaciones que han aceptado fondos tanto de la industria del tabaco como de la de los combustibles fósiles.

Las organizaciones británicas que presionan por un Brexit duro también han recibido, indirectamente, dinero de los Koch. Estas donaciones las recibían a menudo a través de  Donors Trust (una fundación descrita por la revista Mother Jones como “el cajero automático de dinero oscuro del movimiento conservador”, y que ha recibido importantes aportaciones de los Koch) o de Epicenter, que funciona como la sucursal europea de Atlas Network.

DeSmog también reveló que los Koch estaban detrás del dinero oscuro que recibía un grupo de “defensores de la libertad de expresión” que difundían la ideología del libertarianismo y el negacionismo climático en el Reino Unido.

Según Hsu, la expansión de la financiación de los Koch podría tener consecuencias: “Las organizaciones, muchas de ellas financiadas por la red de los Koch, han usado ventajas fiscales reservadas a organizaciones filantrópicas, primero para ahorrarse impuestos, y segundo, para usarlos como un mecanismo de influencia en el debate público”, afirmó. “Muchos de estos supuestos think tanks o organizaciones filantrópicas son percibidos, probablemente, como más neutrales de lo que en realidad son. En realidad lo que reflejan son los intereses de los hermanos Koch”.

Este artículo se publicó originalmente en DeSmog UK.

Traducción de Santiago Sáez.

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