Algunas consideraciones finales: ¿y tras la COP26 qué nos queda?

Queralt Castillo Cerezuela cuenta desde Glasgow su visión sobre la COP26 a pocas horas de que acabe.

Entramos en la recta final. A unas horas de que se termine la COP26, una de las cumbres del clima más importantes, el borrador de las conclusiones finales dista mucho de ser esperanzador: pocos compromisos vinculantes, mucho retardismo y mucha procrastinación. Además, después de la investigación publicada por el Washington Post, la esperanza se diluye: hay una brecha considerable entre las emisiones que declaran los países y lo que realmente emiten. Estaríamos hablando de un desajuste global entre 8.500 y 13.300 millones de toneladas de CO2. Si ni siquiera nos podemos fiar de las cifras oficiales, ¿qué nos queda?

Aparecen las dudas: ¿estamos realmente cerca del fin de la financiación a las empresas de combustibles fósiles? Esto es la madre del cordero. Pero, con tantos intereses y los lobbies trabajando duro, será complicado. Arabia Saudí ya ha dicho que no quiere que el borrador incluya ninguna mención a las ayudas a los combustibles fósiles y la delegación de este sector ha sido la más grande en la cumbre. Aun así, hay que mantener la esperanza. 

Otro caballo de Troya es el de la financiación de los países ricos a los países en vías de desarrollo para que puedan hacer frente a la emergencia climática. Se trata de un tema de justicia social (y, por supuesto, climática). El Acuerdo de París preveía una financiación de 100.000 millones de dólares anuales a partir de 2020 de los países ricos hacia los países más vulnerables. El dinero no ha llegado y la falta de compromiso es evidente. Como comenta el experto en financiación climática Joe Thwaites, del World Resources Institute, “el lenguaje general en temas de financiación climática es bastante débil, sin verbos de compromiso fuertes. Se habla de notar, de alentar». Es decir, no hay nada en firme. El borrador, de momento, no resuelve las cuestiones que quedaron pendientes en la COP de Madrid

Un mercado de emisiones tramposo, un pacto contra la deforestación no vinculante y que recuerda demasiado a la Declaración de Nueva York de 2014, que nunca se llegó a implementar, el Net Zero (esa perversa meta que no pretende cambiar el rumbo, sino barrer bajo la alfombra)…  Esta semana se sabía que 30 países y seis empresas de la automoción se han comprometido a dejar de vender vehículos contaminantes en 2035. No están en el acuerdo España, Francia, Alemania, Estados Unidos o China. ¿Qué clase de compromiso es este? 

Muchas son las promesas y poca la acción real en la COP26

Los y las activistas han estado a pie de calle, el viernes y el sábado (Global Action Day) de la semana pasada. Decenas de miles de personas llenaron las calles de Glasgow para pedir justicia climática. Venían de todas las partes del mundo. Sin embargo, existe la sensación de que el diálogo entre lo que pasa en las oficinas, en este caso, en la Blue Zone, donde se están llevando a cabo las negociaciones entre delegaciones, y la ciudadanía, es inexistente.

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COMENTARIOS

  1. Hay dos COP.
    La COP del Norte Global está llena de lavado verde, multimillonarios y políticas excluyentes. Luego está la COP que tiene lugar en las calles de Glasgow y ciudades de todo el mundo. Está formado por comunidades indígenas, jóvenes y personas que lideran la lucha para salvar sus hogares y una forma de vida.
    Activistas y delegados que representan a comunidades vulnerables en la primera línea de la crisis climática, desde las Islas del Pacífico hasta los Pueblos Indígenas en América Central, están aquí librando una larga y dura batalla para que sus voces sean escuchadas.
    Son las personas que apuntan hacia soluciones reales, justas y equitativas a la crisis climática, tanto dentro del centro de conferencias como fuera de las calles de Glasgow. Su lucha continuará después de que termine la COP.

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